¿Debemos ser como la levadura?
- Fecha de publicación: Sábado, 30 Agosto 2025, 19:52 horas
- Visitado 37 veces /
- Tamaño de la fuente disminuir el tamaño de la fuente aumentar tamaño de la fuente /
- Imprimir /
Es bastante común escuchar extrañas interpretaciones de las parábolas de Jesús. Son a veces tan serios los errores, que entre una y otra interpretación ocurre justamente lo contrario. El mejor ejemplo es la parábola de la levadura: “El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado” (Mt. 13:33).
Podríamos mencionar algunas otras parábolas, pero la que mencionamos aquí es interesante y bastante difícil, a menos que conozcamos algunos aspectos de fondo, de los elementos que el Señor introduce en dicha parábola: “Otra parábola les refirió diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas” (Mat. 13:31, 32).
Después de la crucifixión del Señor, el Evangelio era de verdad como “un grano de mostaza”, y como dice textualmente, “la más pequeña de todas las semillas” comparándola con todas las corrientes religiosas y filosóficas de la época. Sin embargo, por medio de los discípulos, el Evangelio de la salvación por la fe en Jesucristo fue sembrado en todas las clases sociales de ese tiempo.
A menudo, perseguidos por el poder civil, los cristianos tuvieron que permanecer mucho tiempo ocultos, reuniéndose en pequeños grupos. Fue el emperador Constantino (306 a 337 D.C.) quien declaró el cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano. Entonces un clero se organizó jerárquicamente, acumuló riquezas y estableció su poder sobre las almas. El gran árbol había nacido, el cual extendió sus ramas sobre casi todos los continentes. Entonces “las aves” (los adeptos a la falsa iglesia cristiana) se cuentan por millones. Así, amparándose en su autoridad religiosa, cometieron las acciones más aberrantes y los mayores crímenes de la raza humana.
Este desarrollo no era según la voluntad de Dios, pues en la naturaleza un grano de mostaza no “se hace árbol”. Más bien da origen a una planta herbácea que lleva muchas semillas, de manera que con una sola semilla puede cubrirse un campo en dos o tres años.
El creyente fiel sólo reconoce a Jesucristo como SEÑOR, al Espíritu Santo como CONSEJERO y a la Biblia como expresión de los PENSAMIENTOS de Dios respecto a todas las cosas, mientras espera el regreso del Salvador.
Pero la extraña planta de mostaza sigue creciendo más y más. Bajo su sombra se cobijan millones de hombres y mujeres, los políticos, los religiosos, los ricos y los pobres, todos buscan la sombra de este extraño árbol cuyo crecimiento se debe a la levadura del pecado, la contaminación de la masa (la población mundial). Bajo este..... árbol tan extraño, con sus ramas de ecumenismo, poder político, poder religioso, acumulación de mucho oro, pomposidad papal, atribución de poderes infalibles con sus pronunciamientos “excátedra”, sus innumerables liturgias, declaraciones de sus concilios, tradiciones inventadas por los hombres, el celibato de sus sacerdotes, que la Biblia llama “doctrinas de demonios”: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad” (1 Ti. 4:1, 2). El árbol de mostaza se convirtió en un árbol monstruo”, pues no es esa su naturaleza. Fue la levadura del pecado la que lo abonó a tal punto que si lo comparamos con lo que la Biblia dice que debe ser, esa tal iglesia nada de cristianismo tiene. En realidad, su mismo nacimiento es humano y no divino. El origen de la tal iglesia cristiana es Constantino, no el Señor ni el Espíritu Santo.
Pero.... fuera de la sombra de este árbol tan extraño, la iglesia verdadera sigue desarrollándose sin pompas, sin Concilio, sin Papas, sin Cardenales, sin misas, sin imágenes de “santos”, sin agua bendita, sin rezos, sin confesiones auriculares ante supuestos sacerdotes. Se trata de multitudes que depositaron su FE en Cristo y son protegidos por la invisible, pero poderosa mano de Dios. Para éstos, su Vicario es el Espíritu Santo, su autoridad es la Biblia, la infalible palabra de Dios y su salvación no descansa en obras propias ni de terceros, sino en la obra de Cristo que fue perfecta a favor de toda la humanidad. ¿Es usted parte de esta Iglesia o ha hecho su nido en las ramas de la religión y doctrinas de la mayoría?