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Alabando a Dios en Tiempos de Angustia

  • Fecha de publicación: Viernes, 24 Abril 2020, 15:07 horas

En este momento estamos viviendo tiempos difíciles.  Ha tenido lugar una caída sin precedentes en la bolsa de valores.  Una pandemia está devastando el mundo entero.  Las personas están perdiendo sus trabajos, el desempleo es masivo.  Estamos viviendo en un tiempo de pánico y miedo: “Desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas” (Lc. 21:26).

Por eso creemos, que sería muy bueno para todos nosotros hacer una pausa por un momento y pensar, en cuál sería la mejor forma para poder hacer frente a todo lo que está ocurriendo, porque lo más importante en esta crisis es fortalecer nuestra fe.  Así que permítanos compartir algunas formas para hacerlo. 

Lo primero que debemos tratar, es contar nuestras bendiciones.  Sabemos por experiencia propia que esto funciona.  Algunos acostumbramos a hacerlo a diario, otros cada semana y sucesivamente.  Pero si usted nunca lo ha hecho, luego de orar y de hacer el devocional diario, dedíquese a contar sus bendiciones: una por una, tratando de recordar todo lo que pueda.

Por ejemplo, el agua que ingerimos cada día, con la cual nos aseamos el cuerpo, cocinamos los alimentos, lavamos la ropa, y que es tan vital como el oxígeno que respiramos.  Recordando asimismo que hay muchos lugares en el planeta en donde las personas no disfrutan de esa bendición que nosotros tenemos, ya que sólo necesitamos abrir el grifo y allí está.  Mientras que millones en el mundo no tienen agua potable, y otros tantos deben caminar kilómetros para conseguirla.  ¿Sabía usted por ejemplo, que una de las causas principales de enfermedad en todo el mundo es ingerir agua impura?

Cuando siga recordando sus bendiciones, no pase por alto otras cosas que son obvias y fáciles de no percibir, tal como la electricidad. ¿Sabía que 1.500 millones de personas en este planeta no cuentan con electricidad?  ¿Que la mayoría de los habitantes en las zonas rurales de Estados Unidos no tenían servicio eléctrico sino hasta 1940, cuando el Congreso de esa nación aprobó el Proyecto de Ley de Electrificación Rural en 1936? 

De igual manera era en todo el mundo.  Todos los hermanos que son ya mayores, recuerdan esos tiempos cuando no se contaba con agua corriente, electricidad, ni baños e inodoros dentro de las casas, y que la luz con que se alumbraba en el interior de las viviendas eran velas, y en el mejor de los casos linternas de petróleo o queroseno, y que para planchar nuestra ropa teníamos que usar planchas calentadas al fuego, o las más sofisticadas en cuya base había un depósito donde se colocaban carbones encendidos.

Prácticamente son incontables las bendiciones que recibimos cada día y de las cuales ni nos percibimos, ni agradecemos a Dios por ellas.  Si contamos una por una, todas las cosas de que disfrutamos, cesaremos de estar quejándonos y sintiendo lástima por nosotros mismos.  Eso permitirá que podamos mantener nuestros ojos puestos en Jesús.

Pero no sólo debemos contar nuestras bendiciones de alimentos, ropa, vivienda, trabajo, familiares y amigos, sino que también asegurémonos de recordar nuestras bendiciones espirituales.  Por ejemplo, el tener una Biblia.  ¿Se ha puesto a pensar en algún momento en esta clase de bendición?  ¿Sabía que por más de mil años, durante la edad media, las personas no contaban con una Biblia?

Sólo unos pocos tenían los medios económicos para adquirirla, pero incluso si poseían el dinero suficiente para cubrir su precio, las mismas estaban todas escritas en latín y las personas comunes y corrientes no podían leerla.  Hoy tenemos la Escritura en casi todos los idiomas, y hasta en dialectos.  Pero también en muchos países es contra la ley tener una Biblia.  Nosotros sin embargo, podemos tenerla y leerla cuando queramos.  ¡No pasemos esto por alto, porque La Palabra de Dios es una bendición muy importante!

Para concluir, vamos a citar dos textos de la Escritura.  El primero es Hebreos 12:1, 2: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Y el segundo es Filipenses 4:4-7: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Además de finalizar con las palabras de un famoso himno cristiano que escribió en 1897 Johnson Oatman, Jr.:

Cuenta tus Bendiciones

Cuando combatido por la adversidad
Creas ya perdida tu felicidad,
Mira lo que el cielo para ti guardó,
Cuenta las riquezas que el Señor te dio.

CORO:
¡Bendiciones, cuántas tienes ya!
Bendiciones, Dios te manda más;
Bendiciones, te sorprenderás
Cuando veas lo que Dios por ti hará.

¿Andas agobiado por algún pesar?
Duro te parece amarga cruz llevar,
Cuenta las promesas del Señor Jesús,
Y de las tinieblas nacerá la luz.

Cuando en otros veas la prosperidad
Y tus pies claudiquen tras de su maldad,
Cuenta las riquezas que tendrás por fe
Donde el oro es polvo que hollará tu pie.

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