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Las siete mentiras de Satanás (II)

  • Fecha de publicación: Sábado, 13 Febrero 2021, 19:17 horas

Como hemos visto en el boletín anterior, Satanás conspira tantas mentiras hasta confundir aún más a las personas inconversas.  A continuación mencionaremos más de esas mentiras:

III. “¡Es que hay tantas Religiones!”
La tercera mentira de Satanás es confundir al pobre pecador, haciéndole ver que hay demasiadas religiones.  Realmente, la fábrica de todas las religiones es ahora supervisada por Lucifer.  Es cierto que las hay, y muchas, así ha sido siempre.  Pero Jesús nunca se refirió a religión alguna cuando habló de la salvación y de la vida cristiana.  Cuando habló a los religiosos de su tiempo, los reprochó por su hipocresía.  Así se halla registrado en el capítulo 23 de Mateo.

Jesús no era un religioso, fue incluso acusado por los escribas y fariseos porque se juntaba con mucha gente y denunciaba las apariencias de los religiosos.  Pero cuando se trata de la salvación del pecador Jesús dice: “Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:4-6).
-¿Quiere llegar al cielo?  Jesús es el camino.
- ¿Quiere estar en la verdad?  Jesús es la verdad.
- ¿Quiere tener vida eterna?  Jesús es la vida eterna.
- ¿Quiere salvación?  En ningún otro hay salvación fuera de Jesús.
Dios no le pide cuentas de por qué hay tantas religiones.  Dios no le exige que escoja una religión, la verdadera, entre tantas.  Muchos años antes de Cristo, Dios hablando por boca de Isaías y refiriéndose al único camino de salvación dijo: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda. Entonces profanarás la cubierta de tus esculturas de plata, y la vestidura de tus imágenes fundidas de oro; las apartarás como trapo asqueroso; ¡sal fuera! les dirás” (Is. 30:21, 22).

Cuando usted nació ya había muchas religiones y las habrá después que muera.  Pero el Salvador es uno solo.  Es el Redentor quien murió por nuestros pecados, quien nunca pecó, resucitó al tercer día y está a la diestra de Dios.  Él es quien intercede por todos los cristianos, quien recogerá a su Iglesia en breve, vendrá para reinar en el reino milenial, juzgará a todos los impíos en el día postrero y los arrojará en el lago de fuego, el infierno...  ¡Esto no lo hará religión alguna!

IV. “No creo que Dios me perdone
Son muchos los pecadores a quienes Satanás les ha dicho: «Eres demasiado pecador, ya no tienes salvación, Dios jamás te perdonará. El cristianismo es para esos que son morales, buenos, intachables y limpios...»  Nunca olvide que estos pensamientos son el producto del mentiroso y padre de mentira.  No necesitamos más que ver la clase de gente con que Jesús trató y cómo les ofreció salvación aun a los peores pecadores.  Tenemos algunos ejemplos en la Biblia:

1. Zaqueo: La historia de este hombre y su encuentro con Jesús se halla registrada en Lucas 19:1-10.  Dice la Biblia que era un cobrador de impuestos y que era de baja estatura.  Que deseaba ver personalmente a Jesús, y que además, quería verlo secretamente.  Cuando Jesús le dijo que se bajara del árbol en que estaba subido, porque él mismo iría a posar en su casa, lo hizo de inmediato y le ofreció gozoso su hogar.  Fue tan grande el impacto que hizo Jesús en la vida de este hombre, que dijo: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:8-10).
Si no tiene idea de cuán malo era Zaqueo, recuerde que los enemigos de Jesús lo acusaron por reunirse con la lacra de la sociedad de su tiempo, que eran los publicanos y las mujeres de mal vivir.  Jesús dijo públicamente en la casa de Zaqueo, que su misión era buscar y salvar a los pecadores.  Él hasta la fecha sigue buscando a los pecadores para salvarlos.  Así mismo lo dice: “...Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Mt. 9:13b).
2. Una mujer pública: En Juan 8:1-11, se registra un incidente singular entre Jesús y unos religiosos que hallaron a una mujer pecadora.  Pero note que Jesús no cuestionó las acusaciones de ellos.  No dijo que esa mujer no era pecadora, que “todos adulteran”, sino solamente manifestó: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (v. 7).
¿Sabía usted que entre ellos había uno sin pecado, pero que no arrojó esa piedra?  ¿Recuerda el nombre de ese hombre sin pecado?  ¿Recuerda lo que ese hombre sin pecado dijo después de hacer la invitación?: “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno, vete, y no peques más” (vs. 10, 11).

Existen hoy muchos hombres y mujeres con pecados similares.  El flagelo de la sífilis, la gonorrea y el SIDA, son producto de la inmoralidad sexual y la prostitución de hombres y mujeres.  A pesar de todo, ellos son objeto del amor de Dios, si verdaderamente están dispuestos a aceptar su respuesta: “No peques más”.  El cielo les abre sus puertas, si ellos abren sus corazones al Salvador y no rechazan su perdón.

Si piensa sinceramente que Dios no le perdonará por ser demasiado pecador, si esto no es solamente un argumento para desentenderse de Jesús, el siguiente incidente borrará todas sus dudas y le convencerá de que verdaderamente hay perdón total en Cristo: “Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mt. 9:9-13).

Si quiere buscar a la peor gente de la sociedad.  Si quiere ver a los viciosos, degenerados, ladrones, estafadores, drogadictos, obscenos, adúlteros, fornicarios, avaros, borrachos y desenfrenados, aquí los tiene.  En los días de Jesús, el rótulo más grave para una persona era “publicano... y pecador”.  Ningún religioso se juntaba con esta gente, jamás habría aceptado una invitación de alguno de ellos.  Jamás habría permitido que alguien le viera con uno de éstos.  Pero Jesús aceptaba las invitaciones de ellos, comía con ellos y les hablaba del amor de Dios, de la oportunidad de recibir una nueva vida, del arrepentimiento y la regeneración. 

Usted, quienquiera que sea, le aseguro que tiene la preciosa oportunidad de ser salvo si tan sólo cree en el perdón completo que Jesús le ofrece hoy mismo.

Continuará...

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