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¿Conoció usted alguna vez a una persona aburrida?

  • Fecha de publicación: Sábado, 30 Septiembre 2023, 20:34 horas

Hay mucha gente en este mundo que aburre ni bien uno comienza a hablar con ellos. Los hay también entre profesionales, como educadores, conferencistas, políticos, predicadores, etc. Hablando de predicadores, uno de los problemas de éstos es que a veces se constituyen en algo así como un “Comentario Exegético”, se trata de comentarios que tienen la finalidad de “descuartizar” los textos, indicar qué significan, su etimología, qué dice el original, cuantas otras acepciones tiene, etc. La finalidad de estos comentarios es justamente esto, no es exponer tal o cual tema, sino mostrar al lector algunos aspectos semánticos, gramaticales y etimológicos. Así que, si es un estudioso de la Biblia y se encuentra con algún texto sagrado que no puede entender, eche mano de una buena exégesis y probablemente logre descubrir un verdadero tesoro. ¡Pero no se pase la vida haciendo exégesis desde el púlpito porque la gente se dormirá!

Lo que sigue fue publicado por un boletín que editó “En Esto Pensad”. Es interesante y por eso se expone tal como fue redactado:

«Si bien me gusta siempre y me cae bien un buen mensaje expositivo, las series muy largas de sermones me producen un efecto contrario. Creo que no soy el único cristiano en el mundo que se siente antagónico a las series largas. Un miembro de la iglesia contó sobre un predicador que predicó un año y medio sobre la Epístola a los Filipenses. Cuando esta serie terminó, la gente todavía amaba al predicador, pero no quería saber nada de los filipenses.

Una afición maratónica lleva a ciertos predicadores a creer que mientras los demás no tienen material para predicar 23 sermones sobre un texto tan corto como... “Jesús lloró” (Jn. 11:35), ellos sí lo tienen y les sobra. El problema es que muchos de estos sermones degeneran en demasiado “iso” y muy poca “exe” en su “gésis”.

De cuando en cuando uno oye hablar de algún predicador que comienza la serie de mensajes a través de la Biblia, pero se muere a los 40 años de ministerio sin haber pasado siquiera la tabla de contenido. Sé de uno que pasó 18 años predicando a través de la Biblia. Los hermanos dieron testimonio de estar satisfechos con la excelencia con que el predicador manejó los libros sagrados. Algunos dijeron que se hicieron miembros de la iglesia cuando éste iba por Josué. Los miembros más nuevos testificaron haberse convertido en el Cap. 7 de 1 Corintios. Uno de los hermanos se casó cuando el predicador iba por Zacarías, su primer hijo nació en Mateo 25, y a él lo eligieron presidente de la junta directiva de la compañía donde trabajaba cuando iban por Judas 3. Se me ocurre que ahora las series largas cuando menos sirven para fijar hitos históricos en nuestras vidas.

Pero la verdad es que la mayoría de los hermanos no se sienten cómodos con una serie de 18 años. En lugar de regocijarse porque se hicieron miembros de la iglesia durante la Semana de la Pasión, según San Marcos, admiten desconsolados que comenzaron a usar bifocales en los pasajes donde se repite mucho “engendró”, en las generaciones del Génesis, y les llegó la muerte cuando iban por Levítico.

Por lo general creo que es mejor predicar series más cortas. De no hacerlo, el predicador corre el riesgo de enfrentarse en la puerta de la iglesia con la tradicional viejita que le dice con ingenuidad: ¡Oh, hermano, me encantan sus sermones! ¡Cada uno de ellos es mucho mejor que el próximo!”

Para los predicadores que les gusta las series largas, el libro de Apocalipsis usualmente es el que les tiende la peor trampa. He sabido de varios que, obviamente, creían que el milenio debía ser un espacio de tiempo adecuado para una serie sobre ese tema. Y así sus prédicas de los domingos se convirtieron en siete años de tribulación, por la que la iglesia tenía que pasar, y su serie dejó a la congregación clamando, como clamaban aquellas almas debajo del altar: “¿Hasta cuándo Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas... ?”

Una falta común que adolece las series sobre el Apocalipsis, es aquella de atascarse por largo tiempo en las cosas incidentales en el libro. Ya he oído tantas series sobre Apocalipsis que hasta he perdido interés por saber el significado de 666 o de la mujer que monta la bestia o de la confederación de los 10 cuernos. Por favor no me hablen más de los Países Exportadores de Petróleo, ni de los últimos días del Mercado Común Europeo, o de la cabeza herida que vuelve a vivir. Tales series me hacen temer que la segunda venida de Cristo es realmente una especie de “sermones interruptus”. De una cosa podemos estar seguros: cuando nuestro Señor regrese, Él librará de toda congregación que haya sobrevivido “un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo”. Entonces, agradecida de su liberación, la iglesia por fin tendrá la certeza de que “la abominación asoladora” fue la serie que finalmente interrumpió el juicio por la que suponía pasar”».

No estamos seguros quién es el autor de esta original reflexión, pero no deja de hacernos pensar, especialmente a los que predican en la misma iglesia por muchos años. Ciertamente no hay nada de malo estar en una iglesia muchos años, pero el aburrimiento no es ninguna virtud ni don sagrado.

La variedad, la amenidad y la claridad son ingredientes necesarios para una buena comunicación. Y no es indispensable ser largo... Dijo alguien un día: «Entiendo que no dije gran cosa... ¡pero fue largo!»

Cuando uno se dedica a exponer la Palabra de Dios, adoctrinando a los hermanos, insista en lo que conviene, de modo que el estudio de la Biblia sea la mayor atracción.

Los que tienen ya a su cargo una congregación, este texto Bíblico es para usted: “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!”(Is. 52:7)

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