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Debemos orar por Israel

  • Fecha de publicación: Sábado, 11 Noviembre 2023, 20:36 horas

Casi a diario, algún hermano o hermana pregunta, cuál es nuestra opinión respecto a lo que está ocurriendo en Israel durante estos días, ya que el punto de vista del público en general y de las naciones como un todo, siempre ha sido criticar a los judíos.  Sin embargo, he aquí algunos antecedentes históricos que la gran mayoría ignora y que permitirán que podamos tener una comprensión mejor del conflicto que tiene lugar en nuestros días.

El antisemitismo es un tipo de odio muy especial contra los judíos, que abarca tiempo, territorio y cultura.  Sin embargo, no se trata de un simple fenómeno natural, sino que se origina de la lucha sobrenatural entre el bien y el mal.  Posee dos niveles de existencia muy diferentes, aunque están muy conectados entre sí.  Estos niveles han impactado tanto al pueblo judío como a la Iglesia.

Pero... ¿Qué es exactamente el antisemitismo?  La respuesta puede ser muy variada, pero es importante que quienes creemos en el Dios de la Biblia, sepamos cuáles son los fundamentos del problema.  Que tengamos claro que el antisemitismo tiene su origen en la misma fuente de toda maldad, que se trata de algo personal con identidad propia.  Dios tiene un enemigo y éste tiene nombre propio.

Son dos los niveles del antisemitismo, a los cuales podríamos denominar nivel inferior y superior.  El nivel inferior es como la planta baja de un edificio.  Es uno invisible y espiritual, en donde tenemos la caldera hirviente del odio, de la cual emanan las llamas, el humo y los gases tóxicos del antagonismo en contra del pueblo judío.  El segundo nivel, el superior, vendría a ser como la planta alta, en donde encontramos la expresión manifiesta y tangible del antisemitismo, el escenario donde se encuentran los participantes del drama.

En el nivel inferior, la naturaleza del mal que alimenta y propulsa al superior, ha permanecido idéntica a través de las edades, y junto con el superior se refuerzan en su maldad.  El origen de este odio, tal como suponemos es Satanás, cuyo pensamiento central es la destrucción total de los judíos, de los descendientes naturales de Abraham, Isaac y Jacob, en otras palabras, del pueblo de Israel.  Vemos que Dios le dijo a Jacob: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Gn. 32:28).

De manera igualmente importante, el deseo de Satanás es destruir totalmente a quienes por la poderosa mano de Dios se han adherido a esa herencia por la fe y gracia, que han sido injertados en el olivo.  El propósito eterno de Dios es redimir al mundo, por eso escogió al pueblo judío para hacer tres cosas:

  • Para que fuera su testigo por medio de sus vidas de fe y acción.
  • Para que registrara y preservara su Palabra.
  • Para ser el canal por medio del cual llegaría el Mesías.

• Mientras que le dijo a la Iglesia: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Ef. 2:11-13).

“Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti” (Ro. 11:17, 18).

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mt. 28:19, 20).

Así como Dios, por medio de su Santo Espíritu está obrando para redimir al mundo de la muerte espiritual y el infierno, también Satanás está trabajando para frustrar los propósitos Divinos.  Esta es la batalla espiritual que se ha estado librando desde el huerto del Edén, hasta la fecha.   Como cualquier otro combate, el enemigo ha elaborado cadenas de engaño, mentira y muerte, para mantener cautivos a los seres humanos.

Una de estas cadenas es el antisemitismo, por eso Satanás se ha valido de todo para tratar de acabar con el pueblo de Israel, porque sabía que, por medio de él, Dios enviaría a la humanidad la luz de su presencia, tal como dice su Palabra:

• “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105).

“Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová” (Is. 2:3).

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Jn. 3:19).

• Por los judíos llegó el Mesías al mundo, así lo declaró la samaritana: “Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas” (Jn. 4:25).

• Los judíos difunden el conocimiento de la justicia de Dios y anuncian el juicio de las naciones: “Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; juzgará a los pueblos en justicia” (Sal. 96:10).

“Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres; quebrantará las cabezas en muchas tierras” (Sal. 110:6).

• El fin de Satanás está en manos de Jesús, “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo” (Jn. 5:22).

“El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Jn. 12:48).

• Tanto la Biblia, como el conocimiento de Dios, el culto y la gloria, todas pertenecen al pueblo judío.  “Que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Ro. 9:4).

La eliminación de Israel sería fundamental para el éxito de Satanás, pero no podrá hacerlo.  Él está determinado a acabar con el pueblo, a través del cual Dios otorgó la salvación y el conocimiento de Sí mismo al mundo, por eso el judío está primero para recibir la redención de Dios: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Ro. 1:16).
                       Continuará...

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