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Las tres limitaciones que Dios impone al hombre (IV)

  • Fecha de publicación: Sábado, 03 Febrero 2024, 20:38 horas

¿Hasta cuándo piensa que Dios tiene que “esperarle”?  ¿Cuántas veces escuchó usted la Palabra de Dios?  ¿Cree que no corre ningún peligro posponiendo su salvación?  ¿Cree usted que Dios tiene la obligación de esperar hasta que usted satisfaga todos sus apetitos pecaminosos o cumpla con todos sus deseos de la carne?  La palabra contender, cuando Dios dice: “...No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre...”, quiere decir pelear, lidiar, batallar, disputar, debatir, altercar; Dios dice que esta actitud de que él le invita, le llama mostrándole tantas evidencias de su amor y usted se niega a corresponderle, no debe ser tomada como algo al alcance indefinidamente: “Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán.  Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová, ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía, comerán del fruto de su camino...” (Pr. 1:28-31).

Ahora permítame contarle otro incidente más que prueba cuán cierto es esto que cuando una persona pospone indefinidamente su salvación, luego pareciera que Dios le cierra el camino.  Veamos Juan 12:36-40 “Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.  Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?  ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?  Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane”.

Jesús acusa a estos incrédulos porque ellos habían visto muchas señales de él.  ¿No tiene usted señales del poder y del amor de Dios?  Piense en la vida de algún cristiano cuyo cambio usted ha comprobado, tal vez algún pariente cercano, piense en las veces que Dios le salvó la vida y esto milagrosamente, le libró de la muerte; piense en el amor que Dios les ha demostrado a los cristianos, tal vez incluso parientes que le demuestran genuino amor por ser hijos de Dios.  Sólo Dios sabe en qué momento el pecador llegará al límite fijado por él.  Notemos cómo dice Juan: “Por esto no podían creer...”, “esto” significa que aun cuando estén en sus cuerpos, por haberles Dios puesto este tipo de límite, ellos simplemente no pueden creer.

Algunas personas han dicho un día: «Pastor, yo no puedo creer como cree usted».  Ahora me pregunto si ellos hablaban en este contexto o simplemente no tenían valor para depositar su confianza totalmente en las promesas divinas o no entendieron lo que significa fe o creer.

Esto es lo que dice un predicador: «Mientras me encontraba dirigiendo una cruzada evangelística el Lion Carolina del Sur, mientras predicaba en la Iglesia Bautista noté que a mi izquierda se encontraban dos lindas jovencitas, yo me acerqué a ellas y les pregunté si deseaban entregarse al Señor.  La mayor me respondió muy encantadora: ‘Predicador, esta es la primera noche de servicios, pero mi hermana y yo hemos resuelto que antes que concluyan los servicios vamos a ser salvas’, yo le interrumpí: ‘Esto, les dije, es pecado de presunción, ustedes no tienen derecho alguno de decir esto; yo digo lo que declara la Biblia “He aquí AHORA el tiempo aceptable; he aquí AHORA el día de salvación”, citando 2 Corintios 6:2.  Hoy es el día de salvación no endurezcan sus corazones porque este es el momento que Dios les ofrece para ser salvas.  Bueno, las jovencitas no cedieron y abandonaron ese servicio sin haberse entregado al Señor, pero murieron antes de que finalizara esa misma noche.  Resulta que toda la familia fue asesinada y su casa incendiada, los ladrones le prendieron fuego.

Nunca olvidaré cuando me detuve frente a los restos humeantes de la casa y observé a los hombres, a los bomberos mientras rescataban los restos calcinados de las que fueran pocas horas antes dos hermosas chicas y luego cuando me encontraba predicando en el funeral de esa iglesia frente a los ataúdes de toda la familia alineados uno lado a lado con el otro y entonces exclamé: ‘oh, Dios mío, hice todo lo que pude para ganar a esas dos jovencitas para Cristo, pero no lo pude’».

La Biblia advierte “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.  Porque el que siembra para su carne (la vida presente sin Cristo), de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu (es decir, el Espíritu Santo, el que permite que el Espíritu Santo le transforme), del Espíritu segará vida eterna” (Gá. 6:7, 8).

Si nosotros los predicadores creyéramos en estas verdades tendríamos más cuidado para agotar todos los esfuerzos al tener la oportunidad de hablar a alguien de Cristo para que éste no rechace la oportunidad que Dios le da, si los cristianos en general creyeran de veras en estas verdades bíblicas harían también mucho más por ganar más almas para Cristo con mayor prontitud.

En otra ocasión cuenta un predicador: «Le imploré a unos de los hombres más ricos en uno de los condados de Estados Unidos, para que le entregara su corazón a Cristo; era propietario de unos de los plantíos más grandes de duraznos de esa zona y un gran empresario.  Había asistido a los diez servicios evangelísticos consecutivamente y me había enterado que cada noche depositaba cincuenta dólares en las ofrendas, esto para esa época era mucho dinero.  La última noche me acerqué hasta donde estaba junto con su esposa y su hija de cuatro años y su hijito de nueve años de edad, era una familia encantadora, le dije: ‘Jim, esta es la última noche del ciclo de conferencias, ¿no deseas entregarte ahora a Cristo Jesús?, me escuchaste predicar cada noche.  Eres uno de los mejores ciudadanos de todo este condado, todo el mundo respeta tu habilidad en los negocios, pero estás perdido’.

Nunca olvidaré, su cabeza inclinada contra el respaldo el banco y las lágrimas que brotaban de sus ojos, finalmente se enderezó y me dijo: ‘No predicador, esta noche no’.  El jueves por la mañana mi teléfono comenzó a sonar y era la esposa de Jim quien me dijo: ‘Predicador, Jim se despertó como a medianoche y estaba gravemente enfermo y antes de que pudiera llamar a una ambulancia era ya cadáver, ¿podría por favor venir el viernes y predicar en su funeral?’  Cuando llegué allí eran las dos de la tarde, no puedo olvidar a ese pequeño niño de nueve años de edad que bajó corriendo las gradas de su suntuosa casa colonial para recibirme y tras rodearme el cuello con sus pequeños bracitos y mirándome en los ojos, preguntó: ‘Predicador, mi adorado papá está en el infierno, ¿verdad?  ¿No es cierto que mi papá está ya en el infierno, verdad que si el domingo por la noche le hubiera entregado su corazón a Cristo no estaría en el infierno; verdad pastor?’  Yo sólo lo estreché contra mi corazón y no le respondí nada.».

Cuántos hombres y mujeres parten a la misma eternidad y de la misma manera sin tener tiempo para corregir su grave pecado de posponer o rechazar la salvación que el Señor le ofrece.

Si usted está en esta condición, ahora mismo haga las paces con Dios, mañana pudiera ser demasiado tarde aun cuando usted cuenta con que, bueno un día, un día yo lo voy hacer, antes de la muerte me voy a rendir a Cristo.  Cuídese, es pecado de presunción, no pretenda; Dios le dice: “si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones”.  Allí donde está, dígale: «Señor yo me rindo a ti, te acepto por Salvador».
                             Continuará...

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