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El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel

El 6 de diciembre pasado, Estados Unidos reconoció públicamente ante el mundo, el verdadero estatus de Jerusalén.  El Presidente Donald Trump decidió romper con décadas de política estadounidense e internacional, al anunciar que su gobierno formalmente reconocía la ciudad como capital de Israel, implicando que también se iniciaría el traslado de su embajada desde Tel Aviv a Jerusalén.

El señor Trump dijo: “He determinado que ya es hora de reconocer oficialmente a Jerusalén como capital de Israel… Eso no es nada más ni nada menos que reafirmar un hecho ya contundente.  Fue hace 70 años que, bajo la administración del Presidente Truman, Estados Unidos reconoció al Estado de Israel.  Desde entonces, Israel ha tenido a Jerusalén como su capital, la capital que el pueblo judío estableció en tiempos antiguos”.

A la luz de ese reconocimiento, y según el Acta de la Embajada en Jerusalén, Trump dijo: “También estoy ordenando al Departamento del Estado que comience los preparativos para trasladar la embajada estadounidense desde Tel Aviv a Jerusalén”.

Para dejar claro que dicho anuncio no es una desviación del camino hacia la paz israelí-palestina, agregó a continuación: “Este es un paso que hace tiempo era necesario dar, para adelantar el proceso de paz y trabajar hacia un acuerdo duradero”.

A pocos minutos de haberse pronunciado la declaración, y mientras en las calles se escuchaban voces de gozo y ondeaban las banderas de Israel y Estados Unidos sobre los muros de la Ciudad Antigua en colores azul y rojo, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu difundió un mensaje por video para darle las gracias al presidente Trump.

En el video, publicado por los medios sociales, Netanyahu comparó el reconocimiento del presidente estadounidense sobre Jerusalén con otros eventos cruciales que abrieron camino para la creación del moderno Estado de Israel.

Dijo: “Hay momentos cruciales en la historia del Sionismo: tal como la Declaración de Balfour, la fundación de la nación, la liberación de Jerusalén y la declaración que pronunciara ayer el presidente Trump...  Ayer, él hizo historia”.

El Primer Ministro hizo referencia al Salmo 137:6 para recalcar el anhelo antiguo del pueblo judío por la ciudad, añadiendo: “Este es un momento festivo y unificador, tanto para los de la derecha, como para los de la izquierda, los religiosos y los seculares.  Enaltecemos a Jerusalén como nuestro supremo gozo”.

Algunas horas después, hablando durante la Conferencia Internacional del Ministerio del Exterior sobre Diplomacia Digital, el señor Netanyahu saludó a su audiencia, con estas palabras: “Buenos días y bienvenidos a Jerusalén, la capital del Estado Judío de Israel.  Si usted no lo sabía hasta ayer, ya lo sabe, pero nosotros hemos tenido conocimiento de esto por más de tres mil años”.

El Primer Ministro entonces contó que se estaba comunicando con los dirigentes de varios países para que consideraran seguir el ejemplo de Estados Unidos en su reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, y que también relocalizaran sus embajadas a la Ciudad de Oro.

En respuesta, a las palabras del señor Netanyahu,  Milos Zeman, el presidente de la República Checa, hizo una declaración pública de que su país reconoce al oeste de Jerusalén como la capital de Israel, y que va a considerar trasladar su embajada allí, después de sostener conversaciones con sus colaboradores regionales.

Netanyahu añadió: “Este es un día histórico. Estamos profundamente agradecidos con el presidente Trump por su valiente y justa decisión de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y de preparar el camino a la apertura de la embajada estadounidense allí”.

El primer ministro Netanyahu cerró su discurso diciendo: “El pueblo judío y la nación judía estaremos siempre agradecidos”.

Mientras que por otra parte, tres horas después de que el presidente de Estados Unidos, telefoneara a Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Palestina, para informarle de su intención de trasladar la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén, varios periodistas palestinos recibieron una llamada desde Belén.  Quienes llamaban eran “activistas” palestinos, que invitaban a los fotógrafos a ir a la ciudad para documentar un “acontecimiento importante”.

Cuando llegaron, descubrieron que el “acontecimiento importante” era un grupo de activistas palestinos que querían quemar carteles con fotografías de Trump ante las cámaras.  Poco después los medios informativos publicaron los videos que mostraban a palestinos furiosos que protestaban en las calles, por la decisión del presidente de trasladar la embajada norteamericana a Jerusalén y reconocer esta ciudad como capital de Israel.  Así, el puñado de individuos grabados quemando imágenes, parecían formar parte de protestas masivas en las comunidades palestinas.

Este incidente es otro ejemplo de la asociación ilícita entre los palestinos y los medios noticiosos, cuyos representantes se muestran siempre satisfechos de servir de voceros de la propaganda palestina y propagar sus amenazas contra Israel y Estados Unidos.

Si los fotógrafos con sus cámaras no hubieran hecho acto de presencia en la quema de carteles, los activistas palestinos habrían tenido que retirarse sin causar mayor impacto.  Sin embargo, ellos están bien conscientes de que los medios informáticos están siempre sedientos de sensacionalismo, ¿y qué mejor que ver carteles con fotografías de Trump en llamas en Belén, el pueblo natal del Señor Jesucristo en vísperas de Navidad, mientras miles de peregrinos cristianos y turistas están atentos a todo lo que ocurre en la ciudad?

Al distorsionar la ceremonia de la quema de carteles, para que pareciera reflejar una explosión airada de todos los musulmanes ante las políticas del presidente estadounidense sobre Jerusalén, los medios internacionales han sido nuevamente cómplices de la propaganda palestina.

Los líderes y portavoces palestinos se afanan por crear la impresión de que la acción del señor Trump incendiará la región.  Asimismo, tratan de enviarle a los norteamericanos el mensaje de que las políticas de su presidente están poniendo en riesgo sus vidas.  Ellos en efecto, sirven deliberadamente a la campaña palestina de intimidación. Y la cobertura mediática de la farsa de Belén es sólo el principio.

Después que los palestinos, con la ayuda de los medios noticiosos han propagado en el mundo entero esas imágenes incendiarias en la mente de millones de norteamericanos, están planeando nuevas protestas prefabricadas.  El objetivo es aterrorizar a la opinión pública estadounidense y forzar al señor Trump a que se retracte de su decisión sobre el estatus de Jerusalén.

Esta táctica de intimidación no es nueva.  De hecho, es algo que han practicado por décadas gracias a la actitud de los principales medios informáticos de occidente y las redes sociales.

Ya los periodistas palestinos y occidentales han sido invitados a cubrir una serie de protestas planeadas por los palestinos para los días y semanas venideros, en respuesta a las decisiones de Trump.  Ya les han entregado programas detallados de acontecimientos que tendrán lugar en distintas partes de la Margen Occidental y la Franja de Gaza. Se les ha prometido que habrá más escenas de fotos de Trump y banderas norteamericanas incendiadas. Algunos incluso han recibido indicaciones sobre los lugares donde se supone que van a tener lugar enfrentamientos entre alborotadores palestinos y soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel.  En otras palabras: a los periodistas se les ha dicho dónde tienen que estar para tomar las fotografías de los palestinos arrojándole piedras a los soldados de la fuerza de defensa israelí.

Esto es lo más divertido. Si, por cualquier razón, los cámaras no tienen show, los activistas se encargarán de que lo haya.  En el mundo palestino, todo gira en torno a la manipulación de unos medios a los que hay que reclutar para la causa.  Y la causa es siempre presentar a los israelíes como ocupadores usurpadores y a Trump como un demente.

¡Sí, usted puede estar seguro que los palestinos protestarán en los próximos días, que ocuparán las calles y lanzarán piedras contra los soldados israelíes! ¡Qué quemarán imágenes del presidente y banderas de Estados Unidos y perpetrarán actos terroristas contra israelíes!

Pero cuando veamos las noticias procedentes de la Margen Occidental y la Franja de Gaza, preguntémonos: ¿cuántos de esos acontecimientos son realidad, y cuántos farsas prefabricadas por los medios noticiosos?  ¿Por qué los periodistas se dejan embaucar por la maquinaria propagandística palestina, que lo único que propaga es odio y violencia desde la mañana hasta la noche? ¿Y por qué exageran y confunden las amenazas palestinas de violencia y anarquía?

En primer lugar, muchos quieren apaciguar a sus jefes y lectores ofreciéndoles relatos que presentan siempre a Israel negativamente.  Lo segundo es que creen que escribiendo historias contra los israelíes, contribuirá a que les concedan premios otorgados por organizaciones que defienden a los palestinos.  En tercer lugar, suponen que publicar informaciones anti israelíes les da acceso a los denominados progresistas y al supuesto grupo internacional que fantasea con estar del lado correcto de la historia.

Ignoran el hecho que 21 estados musulmanes han tratado durante décadas de destruir a Israel, en cambio consideran que si los periodistas quieren ser progresistas y abiertos de mente, han de apoyar al más débil, que según ellos son los palestinos.  Cuarto: muchos periodistas ven el conflicto como una lucha de malos, quienes según ellos son los israelíes, contra buenos que supuestamente son los palestinos, y que su deber es alinearse con los buenos, incluso aunque incurran en la violencia y el terrorismo.

El 25 de noviembre pasado,  según un último balance de la Fiscalía General egipcia, por lo menos 305 personas murieron, entre ellas 27 niños, y otros 128 resultaron heridos en un ataque terrorista de musulmanes extremistas, contra una mezquita frecuentada por musulmanes sufíes en el norte del Sinaí, en el noreste de Egipto.  Sin embargo muy pocos se han enterado de esta tragedia, porque los periodistas estaban muy ocupados publicando la quema orquestada de los carteles de Trump en Belén.

Ahora, los árabes y los musulmanes están hablando de días de la ira contra Trump.  Pero...  ¿Por qué no hubo días de la ira en los países árabes y musulmanes, cuando más de 300 fieles, muchos de ellos niños, fueron asesinados mientras rezaban el viernes?

Ha llegado la hora de que los medios reflexionen. ¿De verdad desean seguir siendo los voceros de los árabes y los musulmanes que intimidan y aterrorizan a occidente?   Todos ellos apoyan activamente a Hamás para crear la falsa impresión de que estallará la tercera Guerra Mundial si la embajada de Estados Unidos se traslada a Jerusalén. Cientos de miles de musulmanes y cristianos han sido masacrados desde el inicio de la Primavera Árabe, hace ya más de seis años, por musulmanes terroristas y por otros árabes.  El baño de sangre sigue teniendo lugar en el Yemen, Siria, Irak y Egipto.

Que nadie se confunda con esos “ríos de sangre” que se dice que ya están corriendo. Lo que tiñe de rojo el panorama mundial, son los cuchillos que árabes y musulmanes ponen sobre las gargantas de otros, no una declaración de un presidente norteamericano.

Los planes de Satanás siempre han sido destruir al pueblo judío y lo ha tratado de hacer valiéndose de todos los medios, utilizando cualquier agente que esté dispuesto - ya sea una sociedad, un movimiento político, una religión o una causa - y pone el máximo empeño por alcanzar esa meta. El antisemitismo, anti-judaísmo, anti-sionismo o simplemente la “judeofobia” son las manifestaciones visibles del mal. Los nombres pueden variar, pero las intenciones son tan funestas como siempre.

En el nivel superior, el antisemitismo es muy evidente. Puede ser medido y observado.  Es la maldad que se manifiesta en la carne, la mente, o la política de una país, grupo religioso, o estado.

Considere cuán específica es la siguiente profecía de Zacarías: “He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén.  Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella” (Zacarías 12:2 y 3).

Démosle gracias a Dios por la decisión del presidente Trump en reconocer a Jerusalén como la capital histórica de Israel y como su actual centro de gobierno. Ore para que esto sea sólo el principio, y que muchas otras naciones tomen la decisión de apoyar valientemente a Israel y trasladar sus embajadas a Jerusalén.

“Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría” (Salmo 137:6).  “Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella” (Isaías 66:10).

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