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Teología del reemplazo

     “Cada judío que camina sobre la faz de la tierra, es evidencia viva de que el Mesías vendrá un día a reinar gloriosamente sobre el trono de David y que su Reino se extenderá y dominará todo el planeta. 

 Cuando consideramos la verdad de estas palabras, podemos entender por qué Satanás odia tanto al pueblo judío y a la entera nación de Israel”.  Éstas palabras fueron escritas originalmente por el teólogo del siglo diecinueve George Peters, y las menciona una vez más el señor Hal Lindsey en su libro El camino hacia el holocausto.

      La tesis de su libro es, que los eventos que conllevaron al Holocausto en la década de 1940, parecen estar repitiéndose, y que el mundo se dirige hacia otro holocausto, aún más horrible.   El señor Lindsey cita al doctor Barry Leventhal cuya tesis doctoral para el Seminario Teológico de Dallas incluía estas palabras: “Una de las principales fuentes que estimuló el auge del nazismo en Alemania, provino de la iglesia católica.  Fue el creciente interés en la evolutiva y destructiva alta crítica de la Biblia en Alemania, lo que le echó leña al fuego de la maquinaria de guerra del antisemitismo”.

      ¿Y qué es lo que tenemos en estos días?  Tenemos dos productos de “alta crítica” de importancia capital: el reconstruccionismo cristiano y su prole - la teología del dominio, también conocida como reino ahora.  Estas ideas aberrantes que surgieron de una escatología defectuosa, ¡defienden la posición de que el Reino de Dios es “el reinado actual de la iglesia sobre toda la sociedad en esta edad”!  ¡Sí, eso es exactamente lo que está ocurriendo!  Hal sigue diciendo: “En pocas palabras, ellos le han transferido a la Iglesia todos los pactos y promesas dadas a Israel concerniente a un Reino Teocrático global, y han cambiado el tiempo de su cumplimiento, para antes de la segunda venida de Cristo, en lugar de ser después de ella”.

      Otro nombre para esta idea, como ya dije, es teología de remplazo.  Estas personas aseguran que la Iglesia remplazó a Israel en el plan de Dios para las edades.  Entre las muchas denominaciones que se apartan seriamente de la verdad dada en la Escritura y promueven este engaño como verdadero, están esos en el Iglesia Emergente, la que cada día se infiltra más en las iglesias evangélicas hoy.

      ¿Y qué efecto está produciendo? ¿Tiene validez esta tesis del señor Lindsey?  Bill Koenig, el corresponsal cristiano en la Casa Blanca, escribió en la primera semana de septiembre de 2009: “Las organizaciones dentro de la iglesia que promueven la teología de remplazo continúan haciendo declaraciones precipitadas acerca de Israel, le llaman inquilino, lo culpan por la situación de los palestinos; buscan activamente despojarlo de las inversiones que tienen en el territorio, o de las compañías que hacen negocios con ellos, y se ponen de lado de los palestinos... Estos grupos religiosos se rehúsan a hacer mención a los años de corrupción y explotación de los líderes palestinos, a su militarismo, a que hacen uso del terrorismo en contra de víctimas inocentes, o al hecho que líderes árabes están usando a los palestinos como peones, en el proceso, con la meta de destruir a Israel”. 

      Así  que el señor Lindsey parece estar en lo correcto.  Habiendo establecido su premisa y tomando como fundamento la Escritura, el balance de su libro explica en detalle, cómo y por qué la nación de Israel todavía tiene un lugar en el plan eterno de Dios. 

La teología de remplazo 

      Ya he explicado a grandes rasgos lo que significa la teología de remplazo, pero si busca el término en un diccionario de teología bíblica sistemática, no lo encontrará, porque realmente no es una teología que forme parte de la historia eclesiástica.  Sin embargo, esta enseñanza doctrinal se originó durante los primeros siglos de la iglesia cristiana, y proveyó el terreno para producir el antisemitismo cristiano, el cual ha plagado la Iglesia por casi mil novecientos años. 

      La teología del remplazo surgió dentro de la iglesia, poco después que el liderato gentil sustituyó al de los judíos en Jerusalén, y luego que el pueblo de Israel fuera expulsado del territorio.  Sus seguidores creen que las bendiciones de Dios son ahora para la Iglesia, pero las maldiciones todavía son para el pueblo judío. Pero desmenucemos un poco más la validez de esta enseñanza para ver si las Escrituras en alguna forma la apoyan.  Ésto es básicamente lo que ellos creen... 

1. En el propósito de Dios, Israel, es decir el pueblo judío, fue destituido y reemplazado por la iglesia cristiana. Ésto quiere decir que la iglesia es la continuación histórica de Israel, y que los judíos fueron desechados. 

2. La nación judía ya no es el “pueblo escogido, el pueblo de Dios”, sino que es igual a cualquier otro grupo étnico.  Igual a los paraguayos, brasileros, británicos, españoles o africanos.  

3. Cada judío individualmente debe arrepentirse, experimentar el nuevo nacimiento e integrarse a la iglesia, fuera de eso, ellos como grupo étnico carecen de futuro, esperanza y propósito especial en el plan eterno de Dios. 

4. A partir del día de Pentecostés, el término “Israel”, tal como se utiliza en la Biblia, ahora se refiere a la Iglesia. 

5. Las promesas, los pactos y las bendiciones propias de Israel desde tiempos antiguos, le fueron quitados a los judíos y dados a la Iglesia, la cual sustituyó a Israel. No obstante, las maldiciones mencionadas en la Biblia todavía pertenecen a los judíos como resultado de haber rechazado a Cristo. 

      Pero esto no es todo, ellos también tienen otros argumentos que vamos a examinar a continuación: 

1. Según estos teólogos, Gálatas 3:29 evidencia que ser hijo de Abraham es un hecho espiritual y no nacional, ser hijo de Abraham significa tener fe en Jesucristo, ya que dice: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”

      Permítame decirle, este versículo simplemente encierra una maravillosa promesa de inclusión para los gentiles, ya que los incluye en el plan que Dios había hecho previamente con Israel.  De ninguna manera excluye al pueblo judío del pacto, la promesa y la bendición original como linaje natural de Abraham. 

2. Estos “teólogos” cristianos utilizan a Romanos 4:13 para adueñarse de la promesa, declarando que a la Iglesia le corresponde heredar el mundo y no a Israel.  “En efecto, no fue mediante la ley como Abraham y su descendencia recibieron la promesa de que él sería heredero del mundo, sino mediante la fe, la cual se le tomó en cuenta como justicia” (Nueva Versión Internacional).  La promesa a Abraham acerca de la tierra de Canaán fue solamente un punto de partida, ya que según ellos la Tierra Prometida realmente incluye todo el mundo. 

      Pero... ¿En qué lugar de la Biblia dice que Abraham y su descendencia natural, los judíos, serían eliminados del plan?  Este versículo simplemente declara, que Abraham y su descendencia no heredarían el mundo por medio de la Ley, sino que primero adquirieron la promesa, gracias a la fe de Abraham.  Lo cual también es cierto respecto a la Iglesia. 

3. Aseguran que Jesús enseñó que los judíos perderían sus privilegios espirituales, y serían reemplazados por otro pueblo.  “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43). 

      En este pasaje, el Señor Jesucristo le estaba hablando a los sacerdotes y fariseos quienes habían fallado en su papel como líderes del pueblo. No se refiere a todos los judíos, ni a la nación de Israel. 

4. Sostienen que un verdadero judío es cualquiera que haya nacido del Espíritu, porque Romanos 2:28 y 29, dice: “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios”

      Estos versículos no apoyan la idea de que la Iglesia sustituyó a Israel, sino que describen la cualidad espiritual que debe tener el judío, al igual que cualquier otro que sirva al Dios de Israel.  

5. Los proponentes de la teología de remplazo sacan completamente versículos de su contexto, tal como Romanos 11:17 que dice: “Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo”.  Ellos aseguran que lo que Pablo declara, es que el olivo representaba previamente a Israel, pero que ahora representa a la Iglesia. De tal manera, que el pueblo judío necesita ser injertado en la Iglesia. 

      Este reclamo carece por completo de fundamento, porque cuando se lee todo el pasaje es claro, que los gentiles son “las ramas silvestres” que han tenido el privilegio de ser injertadas en el olivo. Escuche lo que dice la Biblia:  “Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.  Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie.  No te ensoberbezcas, sino teme.  Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.  Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.  Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?” (Romanos 11:17-24).   

      Asimismo declara Efesios 2:12: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”.  El olivo, representa los pactos y las promesas, porque antes de la venida del Mesías los gentiles estábamos excluidos, pero fuimos arraigados en el Mesías y nutridos por la rica savia, que representa el Espíritu Santo, quien alimenta tanto a las ramas naturales - los judíos, como al olivo injertado - los gentiles.  Advirtiéndole a los gentiles, que es la raíz la que nos sustenta, no nosotros a la raíz, y que no debemos ser arrogantes ni jactanciosos contra las “ramas naturales”, porque ellas serán nuevamente injertadas en su propio olivo. El olivo NO es la Iglesia. La Iglesia simplemente ha sido incluida en el plan de Dios con el pueblo judío. 

7. Los proponentes de la teología de remplazo declaran, que todas las promesas hechas a Israel en el Antiguo Testamento ahora son para la Iglesia, y que no deben interpretarse literalmente, sino espiritual y simbólicamente.  Las referencias proféticas a Israel, Jerusalén, Sion y el templo realmente se refieren a la Iglesia. 

      Al examinar cuidadosamente las Escrituras, podemos comprobar que todas las referencias a Israel, aún en el Nuevo Testamento, se refieren siempre a Israel y NO a la Iglesia, excepto en los casos en que se le incluye específicamente.  Ninguna promesa en la Biblia hecha a Israel y al pueblo judío es figurativa, ni debe ser aplicada únicamente a la Iglesia.  Las promesas y los pactos son literales, muchos de ellos eternos y otros condicionales, y nosotros los cristianos podemos participar de algunos de ellos cuando experimentamos el nuevo nacimiento.  ¡No tenemos porque tratar de arrebatarle eso que sólo concierne a los judíos!  El Nuevo Testamento al referirse a nuestra relación con Israel y sus pactos, dice de la siguiente manera:  

  • Por ejemplo en Romanos 11:17, que hemos sido “injertados”.
  • En Efesios 2:13, que  hemos sido “hechos cercanos ”.
  • En Romanos 4:16 que somos descendientes de Abraham por la fe.  “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros”.
  • En Romanos 15:27, que hemos “sido hechos participantes”.

      La Iglesia no ha reemplazado a Israel, a pesar de sus intentos por suplantarlo. En conformidad con el propósito de Dios, los cristianos gentiles hemos sido unidos a Israel, porque Dios NUNCA quebrantó las promesas que le hiciera a Israel. “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Romanos 11:29). 

      Hay algo que está claro, el Nuevo Testamento fue escrito por judíos, pese a todo ha sido utilizado por gentiles antisemitas, incluso por cristianos, para apoyar esta tesis.  Dicen que incluso hasta el propio Señor Jesucristo atacó a los judíos.   A pesar de que en momentos determinados las críticas del Señor fueron fuertes, estaban dirigidas a cierto grupo o secta de judíos en particular debido a algunas prácticas que requerían corrección. 

      Por ejemplo, aunque Jesús le habló duramente a los fariseos, también dijo de ellos: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.  Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mateo 23:2 y 3).  Él se preocupaba porque se jactaban en su auto-justificación, de lo cual todos debemos igualmente cuidarnos. 

Los primeros siglos de la Iglesia 

      Hagamos un breve recuento histórico de los primeros cuatro siglos de la iglesia cristiana, porque fue en ese tiempo durante el cual se gestó este “legado de odio” hacia el pueblo judío.  En el primer siglo de la era cristiana, la iglesia estaba estrechamente vinculada con sus raíces judaicas.  El Señor Jesucristo nunca pretendió que fuese de otra manera.  Después de todo, era judío, y la base de sus enseñanzas era consistente con las Escrituras Hebreas, tal como lo declaró en Mateo 5:17 y 18: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.  Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”

      Antes de la primera revuelta judía ocurrida en el año 66 de nuestra era, el cristianismo era simplemente una secta más dentro del judaísmo, algo similar a los fariseos, saduceos y esenios.  La separación entre el judaísmo y el cristianismo comenzó a surgir, como resultado de las diferencias religiosas y sociales.   Dice el escritor David Rausch en su libro, Un Legado de Odio, que fueron varios los factores que contribuyeron a este distanciamiento: 

“1. La invasión romana a Israel y la aceptación del cristianismo por los gentiles 

2. La destrucción del templo y de Jerusalén, que obligó a la iglesia en Jerusalén a renunciar a su posición como centro de la fe cristiana en el mundo romano, y 

3. La aceptación del cristianismo entre los gentiles, lo que condujo a un conflicto prematuro entre la Iglesia y la sinagoga.  Gracias a los viajes misioneros de Pablo, el Evangelio se propagó entre los gentiles.  Conforme aumentaban el número de cristianos, crecía también su influencia, llevando al cristianismo a desligarse de sus raíces judías”. 

      Muchos gentiles cristianos consideraron que la destrucción del templo y de Jerusalén, era señal de que Dios había abandonado el judaísmo, y que estaba ofreciéndole a los gentiles la opción de desarrollar su propia teología, libre de la influencia de los judíos creyentes en Jerusalén.  Sin embargo, Dios muy posiblemente lo que quiso demostrar con esta destrucción, es que ya no era indispensable adorar en el templo, porque ahora Su Espíritu Santo moraba dentro de cada creyente y no en el Lugar Santísimo, tal como afirma 1 Corintios 6:19: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?”

      Después que el emperador romano Adriano le pusiera fin a la segunda insurrección judía, ocurrida entre los años 133 al 135 de la era cristina, el poder teológico y político cambió de los judeo-cristianos a los cristiano-gentiles, en centros tales como Alejandría, Roma y Antioquía.  Este cambio, ejerció gran influencia sobre los llamados padres de la iglesia primitiva, quienes terminaron por hacer declaraciones anti-judías conforme se fueron desvinculando de sus raíces hebreas.  

      Conforme la propagación del Evangelio fue ampliando su alcance dentro del imperio romano, y su membresía no judía fue aumentando, el pensamiento griego y romano fue infiltrándose insidiosamente alterando totalmente la manera de interpretar las Escrituras: desde un pensamiento de tipo judío o hebraico, a uno de tipo griego. Esto ocasionó muchas herejías en el futuro, algunas de las cuales la Iglesia todavía practica en la actualidad. 

      Algunos historiadores afirman, que una vez que el cristianismo y el judaísmo comenzaron a tomar rumbos separados, la distancia se hizo cada vez mayor.  Bajo la ley romana, el judaísmo se consideraba una religión legal, ya que existía mucho antes que Roma.   Sin embargo, como el cristianismo se inició después de establecerse el imperio, era considerado ilegal.  A medida que más personas abrazaban el cristianismo, los romanos trataron de suprimirlo.   En su intento por mitigar la persecución, los apologistas cristianos trataron de convencer a Roma, de que el cristianismo era simplemente una extensión del judaísmo.  Sin embargo, Roma no aceptó estos argumentos. 

      Estos mismos historiadores aseguran, que la persecución continua y frustración resultante de los cristianos, engendró aún mayor animosidad contra la comunidad judía, que para ese entonces tenía libertad para adorar libremente.  Más adelante en el cuarto siglo, cuando el cristianismo se convirtió en la religión del estado, se legisló en contra de los judíos.  La animosidad hacia los israelitas comenzó a reflejarse en los escritos de los primeros padres de la iglesia. 

  • Por ejemplo, el Mártir Justino dijo refiriéndose al pueblo judío, alrededor del año 166 de nuestra era: “Las Escrituras no son de ustedes, sino nuestras”.
  • Irineo, obispo de León, alrededor del año 177 declaró: “Los judíos han sido desheredados de la gracia de Dios ”.
  • Tertuliano, quien nació  en el año 160 y murió en el 230, en su tratado Contra los Judíos, anunció que “Dios había rechazado a los judíos para favorecer a los cristianos”.
  • Más tarde, Eusebio escribió,  “Que las promesas de las Escrituras Hebreas eran para los cristianos y no para los judíos, pero las maldiciones todavía eran para los judíos”. Argumentó que la Iglesia era la continuación y sucesión del Antiguo Pacto y que, por lo tanto, el judaísmo había sido eliminado.

      La joven iglesia fue proclamada como el Israel verdadero - como el “Israel espiritual”,  heredera de las promesas divinas.  

      El cambio definitivo tuvo lugar a principios del siglo cuarto, colocando a la “Iglesia Triunfante”  sobre el “Israel Derrotado”. En el año 306 de nuestra era, Constantino se convirtió en el primer emperador romano “cristiano”. Como tenía un punto de vista pluralista, en el principio permitió que los judíos tuvieran los mismos derechos religiosos que los cristianos, sin embargo, en el año 321 instituyó al cristianismo como la religión oficial del imperio. Ésto marcó el fin de la persecución de la iglesia, pero señaló el principio de la discriminación y persecución en contra del pueblo judío. 

      Previamente, en el Concilio de Elvira, celebrado en el año 305 en España, se hicieron declaraciones para mantener separados a los judíos de los cristianos; incluso se ordenó que los cristianos ni siquiera comiesen con los judíos, ni celebraran matrimonios con ellos, que no permitieran que bendijeran las cosechas, y mucho menos que no se observara el día de reposo. 

      En el año 313, la Roma Imperial promulgó el Edicto de Milán, el cual favoreció al “cristianismo católico” y prohibió la existencia de las sinagogas.  Luego, en el año 315, otro edicto permitió el castigo en contra de los judíos por quebrantar la ley. A medida que el cristianismo católico se convertía en la religión del estado, más leyes fueron establecidas en contra de los judíos, como por ejemplo: 

  • Los privilegios otorgados previamente a los judíos, fueron removidos.
  • La jurisdicción rabínica fue abolida o severamente restringida.
  • El proselitismo fue prohibido y castigado con la muerte, y
  • Se excluyó a los judíos de altos cargos en el gobierno o en la milicia.

      Éstas y otras restricciones fueron reafirmadas una y otra vez por varios concilios eclesiásticos durante los mil años siguientes.  Después del año 321, el carácter de los escritos de los llamados “Padres de la Iglesia” cambió. Ya no se expresaban de manera defensiva o apologética, sino agresiva, en particular contra el pueblo judío.  Durante este período encontramos más ejemplos en la literatura eclesiástica  de prejuicios en contra de los judíos, por ejemplo:  

  • Hilario de Poitiers, obispo y escritor, otro padre de la iglesia, que nació en el año 291 y murió en el 371, escribió: “Los judíos son una nación maldecida por Dios eternamente”.

 

  • Gregorio de Hyssa, obispo de Capadocia, quien falleció en el año 394, dijo: “Los judíos son una cría de serpientes, aborrecedores de todo lo bueno...”
  • San Jerónimo, quien nació  en el año 347 y murió en el 407, dijo de los judíos: “Son como serpientes, portando la imagen de Judas; sus salmos y oraciones son el bramido de asnos”.
  • Al final del siglo cuarto, Juan Crisóstomo obispo de Antioquía, un orador excelso, patriarca de Constantinopla, quien recibió el apodo de “Crisóstomo” palabra griega que significa “Boca de Oro”, en su empeño por hacer volver a las personas a la “fe verdadera”, escribió una serie de ocho discursos contra los judíos.  Hizo de ellos el chivo expiatorio, y dijo en uno de sus discursos: “La sinagoga no es solamente un centro de prostitución y un teatro; es también una casa de ladrones y hospedaje para bestias salvajes.  Ningún judío adora a Dios... los judíos son asesinos empedernidos, poseídos por el diablo; su libertinaje y sus borracheras les dan los modales de un cerdo. Se matan y se mutilan entre sí...”

      Crisóstomo era bien conocido por su predicación fogosa contra todo lo que percibía como amenazas a su rebaño, incluyendo las riquezas, el entretenimiento, los privilegios y los ornamentos externos.  Sin embargo, su predicación contra la comunidad judía, la cual según él tenía una influencia negativa sobre los cristianos, es inexcusable y abiertamente antisemita en su contenido. Otra desafortunada contribución que hizo Crisóstomo al antisemitismo cristiano, fue el adjudicarle a todo el pueblo judío la culpa de la muerte de Cristo. 

      Durante el siglo quinto, el interrogante que latía en los corazones de los cristianos verdaderos era: Si los judíos y el judaísmo han sido maldecidos, entonces... ¿Por qué Dios permite su existencia? ¿Por qué  no ha acabado por exterminarlos? 

      Agustín de Hipona, quien nació en el año 354 y falleció en el 430 de nuestra era, se refirió a esto en su Sermón contra los judíos. Expresó: “Aunque los judíos merecen el castigo más severo por haber asesinado a Jesús, han sido preservados por la Divina Providencia para servir, al igual que sus Escrituras, como testigos de la verdad del cristianismo.  Más aún, su existencia es justificada para que atestigüen a través de su humillación, del triunfo de la Iglesia sobre la Sinagoga.  Habrán de ser un ‘Pueblo Testigo’, esclavos y sirvientes que debe ser humillado”.  

      Fue por esta razón, que los monarcas del Sacro Imperio Romano consideraban a los judíos como siervos y los utilizaban como esclavos bibliotecarios para cuidar las escrituras hebreas. También les asignaron otra función: la de usureros o prestamistas. El prestar dinero era algo necesario para acrecentar la economía, pero la usura era considerada un peligro para la salvación del cristiano y, por ende estaba prohibida.  Sin embargo, la Iglesia obligaba a los judíos a que practicaran la usura para beneficio de ellos, porque de acuerdo con su razonamiento, sus almas judías ya estaban perdidas.  Más tarde en la historia, vemos que el pueblo judío fue utilizado por los países occidentales como agentes negociantes, explicando así cómo fue ellos llegaron al ámbito bancario y comercial. 

      Vemos entonces que el arsenal ideológico del antisemitismo católico se encontraba completamente desarrollado para la edad media.  Manifestándose además, a través de ciertos eventos eclesiásticos que sentaron precedente para el futuro, como cuando el patriarca Cirilo, obispo de Alejandría, expulsó a los judíos y entregó sus pertenencias a una turba de “cristianos”. Todavía para esta fecha, la virulenta judeofobia se encontraba solamente entre el clero católico, el cual siempre intentaba mantener su rebaño alejado de los judíos. 

      Luego, la creciente población de clase media sería la mayor fuente de actividad antisemita.  El resultado de estas enseñanzas anti-judías fueron evidenciándose a lo largo de la historia de la Iglesia en eventos como las cruzadas, “la santa inquisición”, y los pogromos.  Los acusaban de ser profanadores de la sangre de Cristo y blasfemadores de los “Sagrados Elementos de la Comunión”. Los obligaban a usar emblemas o distintivos.  Expulsaban comunidades enteras, o las obligaban a vivir en “ghettos” separados.  Les destruían las sinagogas y sus libros, los perseguían y los mataban. Finalmente, las semillas de odio y destrucción crecieron a tales proporciones, que todo culminó en el Holocausto. Todas estas cosas ocurrieron dentro de la Europa “católica”. 

      Fue esta distorsión de la verdad propagada por la iglesia de Constantino, la que propagó la creencia de la teología del remplazo, que es como un cáncer en la Iglesia.  Ésto no sólo ha ocasionado que se viole la Palabra de Dios concerniente al pueblo judío e Israel, sino que también ha convertido a millones, en instrumentos de odio en lugar de amor para su pueblo escogido. 

La prueba absoluta de la Biblia 

      Pese a todo lo dicho, el Pacto de Dios está aún vigente, y la Biblia es muy clara al respecto: 

1. Los judíos son israelitas, no gentiles, y para ellos son las promesas.  Así lo dijo claramente Pablo:  “... Los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:3b y 4). 

2. El llamamiento de Dios es irrevocable: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Romanos 11:29). 

3. Hay setenta y siete referencias específicas a Israel en el Nuevo Testamento, y ninguna de ellas podría aplicarse a la Iglesia.  Si uno trata de intercambiar la palabra “Israel” por “Iglesia”, el pasaje se torna sin sentido y hasta ridículo.  Por ejemplo, Romanos 10:1 dice: “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación”.  Si se pone “Iglesia” en lugar de “Israel”, escuche lo que dice:  "Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por la Iglesia, es para salvación". ¿No le parece esto absurdo y redundante?  La Iglesia es el cuerpo de creyentes salvos.  ¿Cómo entonces Pablo iba a orar para que la Iglesia fuese salva? 

4. El Salmo 105 contiene siete afirmaciones de Dios, en las que promete entregarle la tierra de Canaán a Abraham y a sus descendientes. Esas promesas son eternas, al igual que las de Génesis 12:1-3, cuando “... Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3). 

5. El profeta Jeremías habla de la cualidad eterna que tienen las promesas de Dios respecto a Israel y el pueblo judío.  Perdurarán todo el tiempo que alumbre de día el sol, y la luna y las estrellas de noche.  “Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente.  Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová” (Jeremías 31:35-37). 

6. Las profecías que hablan del retorno de la Casa de Jacob a su tierra Israel, y de la restauración de la nación, han tenido un cumplimiento extraordinario durante los ciento veinte años pasados, tales como estas pocas que citaré a continuación: 

  • “Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar. Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra” (Isaías 11:11 y 12).
  • “Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová.  Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.  Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová” (Ezequiel 37:4-6).
  • “Mas vosotros, oh montes de Israel, daréis vuestras ramas, y llevaréis vuestro fruto para mi pueblo Israel; porque cerca están para venir.  Porque he aquí, yo estoy por vosotros, y a vosotros me volveré, y seréis labrados y sembrados.  Y haré multiplicar sobre vosotros hombres, a toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades serán habitadas, y edificadas las ruinas.  Multiplicaré sobre vosotros hombres y ganado, y serán multiplicados y crecerán; y os haré morar como solíais antiguamente, y os haré mayor bien que en vuestros principios; y sabréis que yo soy Jehová” (Ezequiel 36:8-11).
  • “No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.  Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra” (Isaías 43:5 y 6), etc.

7. El Señor Jesucristo y el Evangelio, eran primeramente para el judío y después para el griego.  “A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel.  Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 10:5-7). 

8. Gálatas 3:28 dice: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”, pero esto se refiere a la posición que ocupamos delante de Dios, porque todos somos pecadores salvados por su gracia y por la sangre redentora del Señor Jesucristo.  Sin embargo, el papel de Israel y de la Iglesia son distintos, así como existen diferencias entre las responsabilidades asignadas al hombre y a la mujer, a los padres y a las madres, etc. 

¿Cuál es la responsabilidad de la Iglesia?  

      El Señor Jesucristo dijo: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).  La Iglesia está edificada sobre el conocimiento y el testimonio del propio Jesús, quien era judío.  Efesios 2:11-14 indica que Israel y los judíos fueron escogidos inicialmente, pero los gentiles fueron también incluidos.  “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.  En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.  Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.  Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:11-14).

      La Iglesia está vinculada a Israel y ha sido hecha partícipe de los pactos, las promesas y las esperanzas.  Sin embargo, no hemos sido llamados a reemplazar a Israel, simplemente hemos sido injertados, y hechos cercanos.  Somos descendientes de Abraham por la fe, herederos según la promesa a manera de hijos adoptivos, y participantes de sus bienes espirituales. 

      La Iglesia ha sido llamada para predicar el Evangelio a las naciones y hacer discípulos, tal como dijo el Señor Jesucristo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19 y 20).  

      Asimismo debemos amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza, y también amar a nuestros semejantes como a nosotros mismos.  “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.  Éste es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12:30 y 31). 

      La Iglesia ha sido llamada a demostrar el amor de Dios al pueblo judío  “por causa de los padres”, ya que sin ellos no tendríamos la Palabra de Dios ni el Mesías, quien fue un judío quien vivió en Israel. 

  • Debemos demostrarles misericordia porque Dios nos ha demostrado misericordia.  “Así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.  Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Romanos 11:31 y 32).
  • Debemos compartir con ellos nuestros bienes materiales: “Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales” (Romanos 15:27).
  • Debemos orar por ellos y por la nación de Israel.   “Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman” (Salmos 122:6).
  • Somos llamados a ser guardas sobre sus muros y protegerlos hasta que Dios restablezca a Jerusalén.  “Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás.  Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra” (Isaías 62:6 y 7).
  • También debemos ayudarlos con su retorno y en la reedificación de Sion.  “Ciertamente a mí esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado.  Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia.  Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes” (Isaías 60:9-11).
  • “No obstante, he aquí vienen días, dice Jehová, en que no se dirá más: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de tierra de Egipto; sino: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres. He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán, y después enviaré muchos cazadores, y los cazarán por todo monte y por todo collado, y por las cavernas de los peñascos” (Jeremías 16:14-16).

      El mensaje claramente evidenciado en el Nuevo Testamento es que la Iglesia debe amar y honrar al pueblo judío. En Romanos 11:11 y 12 y 25-27 leemos: “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen?  En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.  Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?...  Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados”.

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