Menu

Escuche Radio América

Cómo vivir una vida victoriosa

Cuando un pecador recibe a Cristo como su Salvador, luego es bautizado y se une a una iglesia local, sería lamentable si esta persona nueva en la fe, no recibe toda la orientación que necesita.

  Pero lo más importante a mi juicio, es hacerle ver cómo es que él o ella llegaron a ser salvos.  De dónde tenemos el derecho de afirmar que somos salvos.  A continuación vamos a destacar los aspectos más importantes que hacen de un cristiano una persona victoriosa.  Veremos varios textos bíblicos para reafirmar nuestra fe.

Nunca dude de su salvación

La salvación comienza con Cristo, continúa con Cristo y termina con Cristo, en su presencia por la eternidad: “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6).

El que comenzó en nosotros la buena obra es el Espíritu Santo.  Desde que oímos el evangelio, creímos y fuimos salvos, Él se encarga de mantenernos salvos: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:13, 14).

“Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?” (Gal. 3:2).

Cuando alguien oye el evangelio, en ese momento el Espíritu Santo le abre el entendimiento, de modo que el pecador deposita su fe en Cristo y así es salvo para siempre.  Todo comienza con el oír.  Un pecador puede leer la Biblia o escuchar un mensaje de cómo ser salvo, y en ese mismo momento puede salvarse para siempre.

Cuando el pecador arrepentido de su vida pecaminosa, recibe a Cristo como Señor y Salvador, es completamente perdonado y recibe tanto la salvación eterna como el Espíritu Santo.  Él comienza, continúa y nos llevará hasta el encuentro cara a cara con el Señor: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24).

Aquí no se habla de ninguna condición, solamente creer en Él y obtener, no algo de vida, sino vida eterna: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).  Él da ese derecho, esa potestad de llamarnos hijos de Dios, cuando le recibimos por la fe, creyendo en Él como Señor y Salvador personal: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Col. 2:13).

La pregunta es, ¿cuántos pecados nos perdonó?  ¡Todos!  ¿Cuándo nos perdonó “todos los pecados”?  Cuando escuchamos el evangelio y creímos  en Él.  ¿Cuáles son todos esos pecados?  Los pasados, los presentes y los futuros.  Para Dios no hay pasado ni futuro, para él todo es presente.  Así que, éramos pecadores, seguimos siendo pecadores, y seguiremos lidiando con el pecado.  Habrá problema, pero cuando creímos, Él nos perdonó TODO, hasta esos pecados que todavía no habíamos cometido, pero que sabía que cometeríamos, porque para el Señor todo es presente.

El pecador jamás podrá perder su salvación.  Tenga cuidado, porque son muchos los que se dedican hoy a descalificar al Señor como Salvador.  Recuerde: NADA NI NADIE PODRÁ JAMÁS QUITARNOS LA SALVACIÓN.  Cuando decimos «nada» se trata de una cosa, y «nadie» de una persona.  Ninguna filosofía, hecho u obra que hayamos cometido nos podrá quitar la vida eterna: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.  Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.  Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:27-30).  Es como decir: «Están en mi mano y están en la mano de mi Padre». Y luego termina diciendo, “Yo y el Padre uno somos”.  Da igual que estemos en la mano del Padre o en la del Hijo porque se trata del mismo.

•        Satanás podrá conducirnos a algún pecado, pero el Señor ya lo perdonó cuando depositamos nuestra fe en Él.
•        Satanás puede soplarnos al oído, diciéndonos que el Señor ya nos abandonó, porque le prometimos fidelidad, pero le fallamos cada día.
•        Satanás puede convencernos de la gravedad de nuestros pecados.

No hay cosa o experiencia alguna que pueda alejarnos de la salvación eterna: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?  Dios es el que justifica.  ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.  ¿Quién nos separará del amor de Cristo?  ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?  Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.  Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.  Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8:33-39).

Este pasaje no habla nada de nuestra conducta, solamente dice que somos sus hijos y nada ni nadie nos podrá alejar de Él.  ¡Qué maravillosa DECLARACIÓN DIVINA!

Cuando Satanás nos acusa y muchas veces tiene razón, nosotros le decimos: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 5:1).  Tal vez no disfrutemos de paz, pero la tenemos disponible.

•        Satanás puede presentarse como un “cristiano”.
•        Cuando hace mucho calor, viste pantalones cortos.
•        Si le ofrece tereré o un buen mate, él lo recibirá con mucho gusto.
•        Cuando llega a su casa, es muy dulce en su mirada y su voz es agradable.
•        Es probable que venga con un portafolio, pero a veces, para que no lo confundan con los del Salón del Reino, llega portando un Nuevo Testamento.

Este es uno los textos que mencionará: “Por sus frutos los conoceréis.  ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?  Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.  Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.  Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:16-20).

La lección central aquí es que «el buen árbol trae buenos frutos, pero el malo, da frutos malos». La pregunta es: «¿Significa esto que el buen árbol representa al salvo y el árbol malo al perdido?». El 90% dirá que sí.

¿Significa esto que el salvo es conocido por su buena conducta y el no salvo por su conducta mala?  Si el Señor dice que cuando el pecador cree en él obtiene la vida eterna, ¿qué viene antes: la declaración de la salvación de quien cree, o la verificación de la conducta de quien ha creído en Cristo?  Cuando los pecadores declaraban haberse arrepentido de sus pecados y haber recibido a Jesús por Salvador, nunca se les dijo que esperaran un año o algo así, como para comprobar si eran o no realmente salvos.

Usted no puede decirle al que acaba de recibir a Cristo: «Tu salvación, amigo, es como cuando uno siembra una semilla.  Ésta germina, crece y finalmente da frutos.  Ahora que ya recibiste por la fe a Jesucristo, es muy temprano para declararte o reconocerte salvo.  Esperemos unos diez o doce meses para asegurarnos que realmente fuiste salvo». ¡No!  Porque esto significaría que la salvación es totalmente por obras.  La persona es salva cuando recibe por la fe a Cristo.

Siempre existieron y aún existen hombres y mujeres de muy buen comportamiento, hasta temerosos de Dios, pero no son salvos por eso.  Un buen ejemplo lo tenemos en Mateo 19:16-30:“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?  Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno sino uno: Dios.  Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.  Le dijo: ¿Cuáles?  Y Jesús dijo: No matarás.  No adulterarás.  No hurtarás.  No dirás falso testimonio.  Honra a tu padre y a tu madre; y, amarás a tu prójimo como a ti mismo.  El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.  ¿Qué más me falta?  Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.  Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos (note bien que el Señor no dijo, ‘difícilmente será salvo’, ya que entrar en el reino no es lo mismo que ser salvo.  Son dos cosas diferentes). Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.  Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?  Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.  Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?  Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.  Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.  Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros”.

Enumeremos las cualidades de este caballero:

1. Era joven, con una buena edad para seguir a Jesús.
2. Deseaba heredar la vida eterna.
3. No mataba ni adulteraba.
4. No hurtaba ni daba falsos testimonios.
5. Honraba a su padre y a su madre.
6. Amaba a su prójimo como a sí mismo.

Muy contento dijo al final: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud.  ¿Qué más me falta?”  Marcos agrega otro detalle:“Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz” (Mr. 10:21).

Lo que Jesús le respondió no es para la salvación.  Cuando el joven preguntó: “¿Qué más me falta?”.  El Señor le respondió: «¿Tú quieres ser mi discípulo?» (es decir, parte de los setenta, no de los doce, porque ya los doce los tenía para esa época) «Hay un estorbo que tienes, el estorbo es tu riqueza, tienes muchos bienes.  Si lo que me estás diciendo es que quieres consagrar tu vida para servirme de tiempo completo, tienes que vender todas tus posesiones y entregar lo que recaudes a los pobres.  Entrégalo todo, y entonces ven y sígueme».

El Señor Jesús estaba respondiendo a su pregunta de, “¿qué más me falta?”, pero no se trataba de la salvación.  Él no estaba obligado a seguirle como Su mensajero, sino que en respuesta a su pregunta, Jesús le contestó que le faltaba desprenderse de toda su riqueza y ser su mensajero tomando su cruz, es decir, sometiéndose a sufrimientos de todo tipo.

Analicemos ahora lo que dijo el Señor sobre el árbol bueno y el malo: “Por sus frutos los conoceréis.  ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?  Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.  No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.  Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.  Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mt. 7:16-20). Tanto el árbol bueno como el malo, representan a los cristianos.  Nadie puede dudar que este es el caso con los cristianos.

Tal vez alguien diga que si se lee desde el versículo 15, allí claramente Jesús se refiere a los “falsos profetas”, pero... ¿Los falsos profetas son salvos?  ¡No, no son salvos!  No hay ninguna diferencia entre los falsos profetas y los cristianos carnales.  Los falsos profetas tienen buena conducta, pero enseñanza falsa.  Los cristianos carnales tienen buena doctrina, pero mala conducta.

Ahora veamos Hebreos 6:4-9: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.  Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.  Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así”.

Así como es imposible que el Señor vuelva a ser nuevamente crucificado, también es imposible que el pecador salvo por Su gracia, deje de ser salvo: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (He. 6:4-6).

Si es posible perder la salvación, obviamente la misma persona que la perdió querrá volver a salvarse.  En ese caso entonces, el Señor tendría que ser crucificado nuevamente y volver a resucitar a fin de salvar una vez más al pecador, ¡porque la primera crucifixión no sirvió!  Si la persona pierde la salvación, entonces necesita otro sacrificio.  ¡Y esto nunca va a suceder!  Para entender bien este texto, es necesario recordar que los destinatarios de la epístola nunca crecieron.  Vivían conociendo lo rudimentario.

Esto no se resuelve comenzando de nuevo con el arrepentimiento, luego recibiendo de nuevo a Cristo, el bautismo, etc.  Nunca entenderemos bien el capítulo 6 de Hebreos a menos que comencemos a leer el capítulo 5.  “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír.  Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.  Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”(He. 5:11-14).

Esos cristianos decidieron por una eterna infancia espiritual.  Debían haber avanzado en su conocimiento y no tratar de “comenzar todo de nuevo”. Su proceder era tan inútil como el que se registra en estos versículos: “Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición (No dice salvación) de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.  Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así” (He. 6:7-9).

En palabras más simples, esto es lo que dice el autor sagrado en este pasaje: «Cuando echas agua para que germine una semilla, ¿puedes recogerla de nuevo?  ¡No!  Cuando eres salvo y el Espíritu Santo hace morada en tu ser, ¿puedes dejar de ser salvo?  ¡No!  Entonces, ¿por qué titubeas?».

Pero aclaremos algo más sobre la “pérdida de la salvación” en el capítulo 10 de Hebreos: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (He. 10:26, 27).

Es muy fácil notar que el autor NO habla de quienes una vez fueron salvos, sino que se refiere a quienes recibieron “el conocimiento de la verdad”.

•        Conocer a Cristo y saber de él, no necesariamente significa que uno es salvo.
•        Un pecador puede creer que Cristo es el único Salvador sin ser salvo.
•        Un pecador puede conocer la verdad, y Jesús dijo que Él es la Verdad.
•        Para ser salvo, el pecador debe recibir a Jesús como su Señor y Salvador:“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).

Por otro lado, quienes creen en la “pérdida de la salvación”, toman versículos como estos: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?  ¿Podrá la fe salvarle?  Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?  Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.  Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras.  Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.  Tú crees que Dios es uno; bien haces.  También los demonios creen, y tiemblan.  ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?  ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?  ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?  Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.  Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.  Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?  Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Stg. 2:14-26).  Santiago comienza esta parte diciendo: “Hermanos míos”, lo cual bien podría indicar que se trataba de hermanos de raza, pero es claro que se trata de hermanos en la fe.

Lo que más confunde a muchos cristianos, es que el escrito sagrado se refiere tres veces a la fe muerta:

•        “La fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma(v. 17).
•        “La fe sin obras es muerta” (v. 20).
•        “Así también la fe sin obras está muerta” (v. 26).

Pero... ¿Es posible que un cristiano tenga esa fe... muerta?  Santiago trata de explicarlo: “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?  Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.  Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras.  Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.  Tú crees que Dios es uno; bien haces.  También los demonios creen, y tiemblan” (Stg. 2:15-19).

•        Santiago nos dice que nuestra fe es conocida por Dios, porque él sabe lo que ocurrió en nuestra vida.  Pero los pecadores que nos rodean no son dioses.  Ellos juzgan a los cristianos por su conducta, no por sus convicciones religiosas.
•        Luego Santiago dice algo todavía más fuerte, cuando agrega: “También los demonios creen, y tiemblan”.

Pero... ¿Por qué no se salvan los demonios?  Aquí el apóstol hace referencia a los ángeles que se rebelaron contra Dios.  Si quiere saber por qué, he aquí lo que dice la Biblia: “Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham” (He. 2:16).  La única diferencia que hay entre los demonios y los cristianos cuya fe es muerta, es que los demonios no tienen salvación.  No hay evangelistas que los evangelicen.  Ellos fueron una creación directa de Dios, lo vieron, vieron sus hechos portentosos, tuvieron compañerismo con Él, no así la raza humana que es la descendencia de Adán y Eva.  Los demonios son los ángeles caídos, por eso dice “no socorrió a los ángeles”.  Son el tercio de ángeles que siguieron a Satanás cuando se sublevó, para ellos no hay salvación, la salvación es solamente para los seres humanos.

Tal vez alguien diga que los gentiles no somos esa... descendencia de Abraham.  ¿Cree usted que no?  Lea Gálatas 3:6-9: “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.  Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham.  Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.  De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham”.

Lamentablemente la FE MUERTA es muy popular.

•        Los cristianos que no comparten el evangelio con otros, saben que nadie quiere fe muerta.
•        Esos con hogares desordenados, destruidos, descuidados, en escombros (moral y espiritualmente hablando), tienen fe muerta.
•        Los cristianos que ofrendan lo que les sobra, porque no quieren hacer el menor sacrificio, son de fe muerta.
•        Los cristianos que buscan alimentarse con una buena dosis de emociones, no de la sana doctrina bíblica, tienen fe muerta.
•        Cuánto más los cristianos “CORINTIANOS”, cuya conducta deja mucho que desear.  Son así porque nunca pusieron en acción su fe, la tienen muerta, envuelta en su sudario dominical.

Antes de juzgarme por decir que Santiago no habla de incrédulos cuando compara la fe de los demonios con la fe de muchos cristianos, es mejor que se examine, ¡porque es muy probable que usted mismo luzca esa FE MUERTA! Usted mismo decide cuándo su fe comenzará a vivir.
Otro texto que esgrimen esos que aseguran que es posible “perder la salvación”, es este:“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Fil. 2:12).

Sin embargo, este texto en realidad confirma la seguridad de la salvación, razón por la cual el apóstol les dice a los filipenses que se ocupen en la salvación que tienen “con temor y temblor”.

•        Él no dice que es deber de ellos completar la salvación con temor y temblor.
•        En ningún momento ni siquiera insinúa que ellos corren peligro de perderla si no se ocupan en su salvación.

Lo que de ellos dependía ya lo habían hecho.  Por la fe recibieron a Jesucristo y así fueron eternamente salvos: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:13).

Es decir, Dios hace todo, nosotros nada.  Si nosotros hacemos algo bueno, tendremos paz, gozo, seremos más útiles para el Señor y para los hermanos.  Pero en lo que a salvación se refiere, todo depende de Dios.

El ocuparse en la salvación no era para que ellos no la perdieran, sino para que otros por “verlos tan ocupados en esa salvación”, también fuesen salvos.

El no salvo se ocupa de sí mismo, no le importan los demás, porque no tiene salvación, por lo tanto no puede ser alguien que conduce a otros al Salvador.

El no salvo se ocupa, pero de las cosas de este mundo.  Busca placeres, riquezas, fama, distracciones, comodidades y todo aquello que pueda complacerlo solamente a él.

Lo que todo cristiano debe saber

•         Ninguna otra doctrina bíblica es más combatida como la seguridad de la salvación, es decir, la gracia divina.  ¿La Razón?  Porque no existe otra manera de salvación.  O usted se salva por la gracia divina o no tiene posibilidad alguna de salvarse.
•        Hasta la fecha nadie fue salvo por obras.  La Biblia declara: “No por obras”, pero nunca dice “no sin obras”, o “no por gracia”.
•        La gran mayoría de predicadores, lo mismo que cristianos en general, NO creen en la seguridad de la salvación, aunque digan que sí.  Las respuestas de la mayoría son lógicas, pero no bíblicas.  Se basan en una gracia falsificada.

Hagamos la prueba: ¿Qué ocurre cuando un pecador evangelizado recibe a Cristo y luego no se bautiza?  ¿Es salvo?  ¡Sí!
¿Qué pasa si un pecador recibe a Cristo, se bautiza y por algún tiempo parece ser muy fiel, a juzgar por su asistencia regular a la iglesia, porque diezma y ofrenda, pero luego abandona todo y vive como mundano?  ¿Es salvo?  ¡Si recibió a Cristo, sí!

¿Es la buena conducta prueba segura de la salvación del pecador?  ¡No, no es!  Hay muchos que tienen muy buena conducta y están tan perdidos como el diablo.

¿Es la conducta cuestionable prueba segura de que tal persona no es salva?  ¡No, no es!

¿Cómo se puede saber cuáles y cuántas obras buenas confirman la salvación y cuántas y cuáles confirman lo contrario?

¿Es posible que un individuo, siendo salvo carezca completamente de buenas obras?  ¡Sí, es posible!  Hay personas salvas que no tienen buenas obras del todo.

¿Es posible que un pecador perdido esté adornado de buenas obras sin faltarle nada?  Sí, es posible que un pecador no salvo tenga todos los adornos de la mejor conducta y nunca haya sido salvo ni le interese serlo.

El Espíritu Santo sabía muy bien cómo inspirar a los escritores para que escribieran que la salvación no es por obras, sino que es al revés.

He aquí algunos textos importantes para todo cristiano nuevo:

•        “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?  Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.  Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.  Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.  Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.  Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado. ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para los de la incircuncisión?  Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.  ¿Cómo, pues, le fue contada?  ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión?  No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.  Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado” (Ro. 4:1-12).
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 5:1).

No olvidemos que Pablo, al mencionar a Abraham, hace ver a los gentiles romanos que el patriarca fue declarado justo mucho antes de que se promulgara la Ley Mosaica.  De manera que al hablar de “obras” no necesariamente habla de la Ley.

volver arriba