Menu

Escuche Radio América

Los Chivos Expiatorios Convenientes

  • Fecha de publicación: Martes, 01 Septiembre 2020, 07:57 horas

El antisemitismo es lo más parecido a un virus, no tiene lógica.  Desde los albores de su historia, los judíos han sido odiados y acusados de todos los males posibles: se les culpaba porque eran ricos, asimismo porque eran pobres; por ser considerados capitalistas, igualmente comunistas; porque se aferraban tenazmente a una fe antigua y eran cosmopolitas desarraigados de su tierra natal y supuestamente no creían en nada. El odio no necesita lógica, porque sencillamente es una enfermedad del alma.

A lo largo de la historia, las crisis mundiales, ya sean financieras, políticas o de salud, han unido a las personas por el sentido común del sufrimiento.  A veces, esta unión es por el bien de la sociedad al hacerle frente a las dificultades que se avecinan.  Pero más a menudo, esta unificación gira en torno a la necesidad de culpar a alguien por el origen de las crisis, provocando odio e incluso violencia contra esos que son considerados como causantes o instigadores del problema. 

Lamentablemente siempre ha habido un grupo de personas en la parte superior de esta lista de posibles culpables, y es el pueblo judío. El antisemitismo acecha bajo la superficie de demasiados corazones humanos, y todo lo que se necesita es un pequeño empujón para que el odio abierto estalle contra el pueblo de Israel.   Mientras el mundo entero está lidiando con las consecuencias de la pandemia de covid-19 y los disturbios raciales globales, Israel y su gente se han convertido una vez más en un blanco conveniente para culpar.

El concepto del chivo expiatorio se origina en la Biblia.  El día de expiación, se llevaban dos machos cabríos a la puerta del Tabernáculo para presentarlos delante del Señor: “Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos cabríos para expiación, y un carnero para holocausto.  Y hará traer Aarón el becerro de la expiación que es suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa.  Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión.  Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación.  Mas el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto” (Lv. 16:5–10).

Luego de echar las suertes, un macho cabrío era destinado para ser sacrificado a Jehová, y al otro, el sumo sacerdote le imputaba figurativamente los pecados intencionales del pueblo de Israel, antes de soltarlo en el desierto.

Esta cruel ironía ha sido ineludible y visible a lo largo de la historia del pueblo judío, el cual ha desempeñado el papel del macho cabrío expiatorio. La Enciclopedia de Psicología Social define esta teoría “Como la tendencia a culpar a otra persona por sus propios problemas, un proceso que a menudo resulta en sentimientos adversos contra el individuo o grupo al que se culpa”.

El chivo expiatorio se ha convertido en una forma funcional de antisemitismo.  Los judíos a menudo son vistos como elementos dañinos en la sociedad, responsabilizándolos por cualquier crisis que puede proyectarse sobre la humanidad. Este método de condenarlos por todo, se usa para explicar cualquier calamidad que sucede en el mundo, dejando convenientemente a las personas no judías, sin responsabilidad alguna.

La teoría del chivo expiatorio a menudo va acompañada de agresión, que no se atribuye al azar, sino que sigue los patrones existentes de intolerancia.  A lo largo de los siglos siempre se les ha imputado a los israelitas la responsabilidad de muchos de los males que han agobiado al mundo, y la retribución inmerecida que han recibido los ha estigmatizado, dejándoles un dolor indeleble e indescriptible.

Tristemente la realidad es, que gran parte de las acusaciones, incriminaciones y problemas del pueblo judío han provenido de “cristianos profesos”. Cuando la peste negra o peste bubónica devastó a Europa en 1348, los líderes cristianos de ese tiempo quienes luchaban por comprender el origen de la epidemia que estaba asolando el continente, como no tenían una comprensión real sobre cómo se propagaba y por qué algunas comunidades judías escaparon de la infección, se inventaron teorías de conspiración antisemita.

El papa Clemente VI y el fraile franciscano Herman Gigas afirmaron que los judíos, en un intento por destruir el cristianismo, “envenenaban los pozos y manantiales de aguas en todas partes”. Su acusación resultó en una persecución horrible y el exterminio masivo de judíos en la hoguera.

Ellos ignoraron voluntariamente que en la Biblia están registrados muchísimos versículos que hablan sobre la higiene que debía guardar el pueblo judío, razón por la cual siempre fueron el grupo étnico con menos víctimas durante las epidemias.  Permítannos citar unos pocos de estos incontables versículos:

-  “Y si el sacerdote mirare, y no pareciere que la plaga se haya extendido en el vestido, en la urdimbre o en la trama, o en cualquiera obra de cuero, entonces el sacerdote mandará que laven donde está la plaga, y lo encerrará otra vez por siete días” (Lv. 13:53–54).

-  “Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio; y después entrará en el campamento, y morará fuera de su tienda siete días. Y el séptimo día raerá todo el pelo de su cabeza, su barba y las cejas de sus ojos y todo su pelo, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en agua, y será limpio” (Lv. 14:8–9).

-  “Asimismo la persona que hubiere tocado cualquiera cosa inmunda, sea cadáver de bestia inmunda, o cadáver de animal inmundo, o cadáver de reptil inmundo, bien que no lo supiere, será inmunda y habrá delinquido.  O si tocare inmundicia de hombre, cualquiera inmundicia suya con que fuere inmundo, y no lo echare de ver, si después llegare a saberlo, será culpable” (Lv. 5:2–3).

-  “Y la carne que tocare alguna cosa inmunda, no se comerá; al fuego será quemada. Toda persona limpia podrá comer la carne; pero la persona que comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, estando inmunda, aquella persona será cortada de entre su pueblo.  Además, la persona que tocare alguna cosa inmunda, inmundicia de hombre, o animal inmundo, o cualquier abominación inmunda, y comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, aquella persona será cortada de entre su pueblo” (Lv. 7:19–21).

-  “Y de todos los animales que andan en cuatro patas, tendréis por inmundo a cualquiera que ande sobre sus garras; y todo el que tocare sus cadáveres será inmundo hasta la noche” (Lv. 11:27).

Etiquetados como portadores y contaminadores de tifo en Europa, y transportadores de tuberculosis y cólera en Estados Unidos, los inmigrantes judíos fueron repetidamente chivos expiatorios, lo cual conllevó a que la política de inmigración estadounidense en la década de 1920 fuera básicamente anti-judía.

De hecho, los inmigrantes de Israel tenían un promedio de vida más extenso que los estadounidenses “indígenas”,  y los niveles de enfermedad en sus comunidades eran mucho más bajos que los de todos ellos en general.  Sin embargo, el chivo expiatorio continuó y se expandió para incluir muchos otros problemas sociales, especialmente durante el período entre las dos guerras mundiales.

En 1915, el industrial Henry Ford culpó a los judíos de instigar la Primera Guerra Mundial y, a fines de la década de 1930, Adolfo Hitler convirtió a los judíos en chivo expiatorio por los problemas económicos y la pobreza resultante que experimentaba el pueblo alemán.  La máquina de propaganda nazi perfeccionó el chivo expiatorio, uniendo a sus ciudadanos por medio del odio y la ira manipulada en contra de los judíos, lo que eventualmente concluyó con las atrocidades del Holocausto.

En tiempos más recientes, el modelo del chivo expiatorio del antisemitismo se ha expandido para incluir la culpabilidad del estado judío en todo tipo de tratos nefastos.  Algunas de estas acusaciones son francamente ridículas.

En el año 2007, Egipto y Arabia Saudita acusaron a Israel de infiltrar en sus países frutas y verduras envenenadas, incluso dijeron que a Riad, la ciudad más grande de Arabia Saudita, habían llegado melones infectados con el Sida.  En el apogeo de toda la conmoción que causó la gripe aviar en el año 2006, los medios sirios informaron que Israel había desarrollado deliberadamente el virus para someter a las naciones árabes circundantes.

Incluso, entre otras cosas, también algunos han culpado a Israel, de los ataques ocurridos el 11 de septiembre del 2001 al World Trade Center en Estados Unidos, de la crisis financiera mundial del año 2008 y de los continuos disturbios en el Medio Oriente.

Con el avance tan rápido de la actual crisis de covid-19, el Ministerio de Asuntos Estratégicos y Diplomacia Pública de Israel ha estado monitoreando los esfuerzos para deslegitimar a algunos que quieren usar al estado judío con acusaciones de orquestar la pandemia global.

Los que odian a Israel y las organizaciones en favor del boicot, han llegado a equiparar al pueblo judío con un coronavirus que propaga su influencia infecciosa para obtener ganancias políticas o financieras.

El BDS - Boicot, Desinversión y Sanciones, es un movimiento de liderazgo palestino por la libertad, la justicia y la igualdad.  En un artículo para el periódico el Times of Israel, Moshe Kantor, presidente del Congreso Judío Europeo, dijo: “Desde el comienzo de la pandemia de covid-19, ha habido un aumento significativo de acusaciones de que los judíos, como individuos y como colectividad, están detrás de la propagación del virus o se benefician directamente de él”.

Según ellos Israel está ocupando y colonizando el territorio palestino, discriminando a sus ciudadanos que viven allí, y negándole a los refugiados el derecho a regresar a sus hogares.

Inspirado en el movimiento anti-apartheid sudafricano - el sistema político y social desarrollado en la República de Sudáfrica y otros estados sudafricanos, basado en la segregación o separación de la población por motivos raciales o étnicos y en el trato discriminatorio hacia la población negra, el llamado del BDS insta a actuar para presionar a Israel a que respete el derecho internacional.

De hecho, parece que la historia se está repitiendo a medida que el pueblo judío e Israel son chivos expiatorios en cada oportunidad.  Durante una manifestación reciente en el mes de julio del 2020, en contra de la cuarentena forzada en Ohio, Estados Unidos, se exhibieron caricaturas viles de los judíos, retratándolos como alimañas portadoras de “la verdadera plaga”.  

Mientras que en  París, los gritos de “judíos sucios” repercutieron durante una marcha contra el racismo, mientras los manifestantes blandían pancartas acusando a Israel de masacrar a los palestinos.

Es posible que el chivo expiatorio y el odio nunca terminen, pero los cristianos como ustedes y como nosotros no debemos quedarnos de brazos cruzados mientras se hacen acusaciones falsas contra nuestros amigos. Tenemos la responsabilidad de reconocer el odio que se esconde detrás de cada dicho antisemita y combatirlo con verdad y amor.

-  “Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo” (Zac. 2:8).

-  “Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman” (Sal. 122:6).

-  “Para siempre le conservaré mi misericordia, y mi pacto será firme con él.  Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos.  Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades.  Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad.  No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios.  Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí.  Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo.  Selah” (Sal. 89:28–37).

volver arriba