Menu

Escuche Radio América

¿Por qué el mundo entero está en contra de Israel?

  • Fecha de publicación: Jueves, 07 Marzo 2013, 07:25 horas

No es ningún secreto que la mayor parte del mundo aborrece a Israel.  Por ejemplo, considere el registro de las Naciones Unidas, el cuerpo oficial que representa las 192 naciones del planeta. 

Desde 1948, virtualmente cada vez que se proclama una resolución concerniente a Medio Oriente, la comunidad de naciones se pone del lado de los enemigos de Israel.

De acuerdo con la Enciclopedia Wikipedia, desde 1948 que se refundara el estado de Israel, hasta el año 2009, la ONU aprobó 224 resoluciones en contra de los judíos, pero esto no paró allí, porque el año 2010, el 2011 y lo que va del 2012, han sido los peores, ya que por primera vez en la historia, todavía recordamos a un presidente de Estados Unidos ha demostrado ser incondicional con los árabes y abiertamente antijudío.  Claro que se ha visto forzado a cambiar algo de su política para ganarse la simpatía de los cristianos.
Asimismo, puede que se advierta una apariencia de equidad y tolerancia hacia Israel en algunos círculos políticos, pero en los centros globales de poder como Nueva York, Londres, Moscú y Bruselas, esto a menudo ya ni se disimula.

No se equivoque al respecto, en los salones colmados de humo, detrás de las puertas cerradas en donde las personas pueden decir lo que realmente piensan, hay individuos poderosos que desprecian todo lo que tiene que ver con los judíos.

Ocasionalmente, ese antisemitismo contenido sale a la superficie, como un amenazante monstruo marino que levanta su horrible cabeza.  Luego desaparece una vez más bajo las profundidades.

En mayo del 2010, por ejemplo, la corresponsal de 90 años de la Casa Blanca, Helen Thomas, asombró al mundo cuando dejó escapar durante un evento en este palacio presidencial que conmemoraba la herencia judía, «que los israelíes judíos ... (y a continuación lanzó un improperio que omitimos) debían ser expulsados de su territorio... Que debían irse a Polonia, Alemania, Estados Unidos o a cualquier otro lugar».

La señora Thomas, evidentemente no estaba consciente que cerca del 70% de los ciudadanos judíos hoy, son sabras, es decir que nacieron en Israel.  No tienen más hogar al cual puedan regresar.

Ante su comentario hubo un clamor inmediato de protestas, y la señora Thomas se vio obligada a renunciar varios días después.  Sin embargo, ese entero e infortunado episodio dejó a algunas personas preguntándose si acaso no eran un tanto hipócritas, al arremeter en contra de una anciana y mal informada periodista, que simplemente había tenido la audacia y la distracción de expresar en voz alta, lo que la mayor parte del resto del mundo piensa de todas formas en silencio.

Para cualquiera que esté prestando atención, es dolorosamente evidente que este mismo espíritu de odio en contra de los judíos, que diera origen al holocausto que permanece bien vivo hoy en día.  Es un hecho infortunado, pero innegable.

El antisemitismo y el antisionismo hoy

     Hace varios años el director del ministerio Christian Jew Foundation, Fundación Judeo Cristiana, recibió una carta de un hombre que había sido criado en un hogar antisemita.  Incluso en su edad adulta, suponía que las cosas que había aprendido de los miembros de su intolerante familia, eran ciertas.  Así que cuando lo escuchó un día a través de la radio hablando del sionismo, se puso furioso porque le habían enseñado que el sionismo era algo diabólico.

Sin embargo, antes de escribir y enviarle una misiva colmada de reproches, decidió buscar el término en una enciclopedia.  Cuando le hizo se enteró que «sionismo» simplemente se refiere al movimiento para restaurar a Israel como nación en su territorio ancestral, una tierra que le fue arrebatada al pueblo judío hace milenios.

Él contó, que después se sentó frente a su escritorio y reflexionaba en lo que había leído en la enciclopedia.  Y se preguntaba una y otra vez: «Pero... ¿qué hay de malo en esto?».
Este caballero, quien era un corredor de bienes raíces, contó que finalmente se dio cuenta que lo habían engañado, ya que al ponerse a investigar las Escrituras reconoció que «El territorio de Israel le pertenecía al pueblo judío debido al título de propiedad que había recibido por medio del pacto Abrahámico», así lo explicó, agregando que «Como no había fecha de expiración en este pacto, la tierra les pertenece a perpetuidad y que cada persona no judía que ha tratado de ocuparla desde ese tiempo, ha sido un ocupante ilegal en tierra ajena».

Este caballero estaba hablando con toda su experiencia en el mundo de los negocios, como corredor de bienes raíces.  Como tal, sabía lo que significa un título de propiedad.  A pesar de todo, muchas personas, y hoy más que nunca, consideran el sionismo como algo diabólico.  Para ellos se trata más de racismo, intolerancia e injusticia, que de una raza perseguida, acusada injustamente, que estaba cansada de estar huyendo para salvar la vida, y que regresó a su territorio ancestral y creó un refugio seguro para ellos y sus descendientes.
Y dice la Escritura: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.  Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.  Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn. 12:1-3).

Esta promesa está reiterada en Génesis 13:14-17: “Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente.  Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.  Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.  Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré”.
Luego las dimensiones de esta herencia son dadas en Génesis 15:18-21: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos”.

Sionismo es una palabra corta y simple, pero ante la ONU es denigrante y se trata casi como de una blasfemia.  En el año 2001, cuando esta organización celebró una conferencia antiracista en Durban, Sudáfrica, algunos de los asistentes exhibían esvásticas y estaban tarareando epítetos en contra de Israel, en los que comparaban el sionismo con racismo.

En la primera Conferencia de Durban, organizada para publicitar los problemas de las víctimas de la discriminación racial, se convirtió en un sorprendente ataque contra el estado de Israel, al que se le culpó de «prácticas sionistas racistas» y de «promover y mantener una cultura de superioridad racista».  La retórica fue tan fuerte que Estados Unidos retiró su delegación.  Si bien se rechazó parte del lenguaje, la Declaración de Durban exponía: «Estamos preocupados por la lucha del pueblo palestino que vive bajo la ocupación extranjera», señalando únicamente de discriminación a Israel y a ningún otro país, en un documento que debía estar enfocado en el racismo y la discriminación en el mundo.

En la conferencia Durban Segunda, celebrada en Bruselas en el año 2009, el presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad prometió desde el podio y ante el mundo, borrar a Israel del mapa, agregando: «La palabra sionismo personifica al racismo, está falsamente basada en la religión y abusa de los sentimientos religiosos para esconder el odio».

En la Durban Tercera, organizada para conmemorar lo que sucedió hace diez años.  Tanto Israel, Estados Unidos y otros once países occidentales decidieron no participar en la conferencia, como una forma de protesta contra Naciones Unidas que siempre acusa sólo a Israel en vez de atacar los terribles actos de racismo y discriminación que ocurren globalmente.  Mientras que los representantes de Irán, Cuba y Líbano denunciaron a Israel.

En esta conferencia, las fuerzas antisionistas trataron de usar la ocasión para desviar el proceso de paz del Medio Oriente y hacer que las naciones votaran en favor del establecimiento de un estado palestino en la asamblea general de la ONU.  El 21 de septiembre del 2011 tuvo lugar una protesta en la plaza Dag Hamamrskjod de la ONU, organizada por el Instituto para Justicia de Jerusalén.

Esta protesta fue efectiva.  La administración Obama junto con aliados claves de Estados Unidos, no permitieron que la moción llegara al piso de la asamblea general.  Pero eso no impidió que la UNESCO, una agencia de la ONU votara abrumadoramente, un poco después, para garantizarle plena membresía a “Palestina”.  Esta, tal vez fue la primera vez, que una agencia oficial de la ONU haya votado por membresía de un país que no existe.

Pero esto no debe sorprender a nadie.  Una y otra vez la ONU ha mostrado su simpatía por organizaciones y facciones que han jurado en favor de la destrucción de Israel y su pueblo.
De acuerdo con un informe publicado recientemente por el FBI sobre «Estadísticas de crimen de odio», en Estados Unidos, en el año 2010, se reportaron 1.409 crímenes motivados por odio religioso y 65,4% de ellos fueron dirigidos específicamente al pueblo judío, más que contra cualquier otro grupo étnico o religioso.  ¡Y todo esto ocurre en pleno siglo XXI!

¿De dónde proviene el antisemitismo?

Pero entonces... ¿Por qué la mayor parte del mundo está contra Israel y el pueblo judío?

Es difícil entender por qué ningún otro grupo étnico ha sido perseguido hasta las confines de la tierra, como nuestros hermanos judíos.  Cuando han sido expulsados de su territorio como exilados, eso no ha sido suficiente para satisfacer a sus atacantes.  Los enemigos los han acosado como sabuesos sedientos de sangre en donde quiera que han ido, fomentando el odio y la animosidad en contra de ellos.

Cuando los científicos sociales y los investigadores abordan este tema y buscan explicar qué es lo que dio origen al antisemitismo, las explicaciones de ellos generalmente, o son socio-psicológicas, o étnicas, o una combinación de las dos.  Algunas de las sugerencias más comunes son éstas:

El antisemitismo se deriva del antagonismo que muchas personas sienten hacia el estado de Israel.  Mucho del mundo ve a los israelíes como opresores racistas y a los palestinos como víctimas inocentes.

     Esta proposición es difícil de tomar seriamente porque el antisemitismo, tal como se manifestó en la década de 1940 durante el holocausto nazi, dio origen al moderno estado de Israel, no lo contrario.  Israel fue fundado como un lugar de refugio para el pueblo judío, con la esperanza y oración de que nada como el holocausto volviera a ocurrir jamás.  Por consiguiente, el estado de Israel no originó el antisemitismo.  En lugar de eso, lo opuesto es la verdad.

Muchas personas tienen sospechas del pueblo judío simplemente porque son diferentes.  Ellos tienen su propia cultura distintiva con unas costumbres únicas, las personas se sienten amenazadas por esas diferencias.

     Mientras que, sin duda es cierto, que muchas personas se sienten amenazadas por cualquiera que es diferente a ellos, este tipo de intolerancia no puede explicar plenamente el asalto único, sostenido e implacable que el pueblo judío ha tenido que soportar por miles de años.  Muchas culturas son diferentes y únicas, sin embargo no han tenido que sufrir el mismo grado de hostilidad que el pueblo judío.

Los griegos, por ejemplo, tienen una cultura muy distinta y perdurable con incontables, únicas e interesantes costumbres y tradiciones.  Se dice que algunas personas que vieron una película que se titula: Mi gran boda griega, que se presentara en el año 2002, se sintieron impresionadas con las similitudes que existen entre las culturas griega y judía.  Pese a todo, los griegos no sufrieron como los judíos.  Las ocasiones aisladas y los intentos de genocidio contra el pueblo griego a lo largo de los siglos, por muy trágicas que hubieran sido, no se asemejan ni remotamente a los ataques sostenidos y prolongados, que el pueblo judío ha soportado por miles de años.

Por consiguiente, no podemos decir que el antisemitismo se origina principalmente de personas equivocadas quienes son intolerantes, o de cualquiera que no son como ellos.  Tiene que haber mucho más que eso.

El catolicismo romano y otros cristianos nominales, consideran al pueblo judío responsable de la muerte del Señor Jesucristo.

     Eso es cierto, muchos acusan a los judíos de haber asesinado a Dios.  Charles Halff, el fundador del ministerio Fundación Judeo Cristiana, escribió en su autobiografía que la primera vez que sintió el aguijón del antisemitismo fue cuando un «compañero de estudios le llamó ‘asesino de Cristo’».  Él llegó corriendo a su casa después de terminar las clases y le preguntó a su madre quién era Cristo.  El joven Charles nunca había oído hablar de Él, sin embargo lo habían acusado de darle muerte.

Hoy la mayoría de cristianos que tienen apenas una pizca de entendimiento acerca de los detalles de la crucifixión, saben que las autoridades judías conspiraron con los romanos para llevar a cabo la ejecución del Mesías.  El Sanedrín judío no pudo haberlo hecho solo, porque se encontraban bajo la jurisdicción romana y no tenía la autoridad para poner en vigor la pena de muerte.  Por lo tanto, es improbable que esta sola acusación, la de deicidio, pueda tomarse en cuenta como el origen del antisemitismo persistente durante los pasados dos milenios.  Además, muchos antisemitas no siguen ninguna forma de cristianismo y por consiguiente tienen muy poco interés en el asunto de quiénes fueron responsables de la muerte del Señor.

El hecho es, que el antisemitismo es más viejo que el cristianismo.  Una de las campañas antisemitas más brutales de todos los tiempos ocurrió en el siglo II A.C., cuando Antíoco Epífanes saqueó a Jerusalén y profanó el templo.  Miles entre el pueblo judío fueron asesinados.  Por lo tanto la actitud de los cristianos no puede explicar completamente la existencia del antisemitismo.

Históricamente el pueblo judío ha sido simplemente un chivo expiatorio conveniente.

     Una vez más, hay algunas verdades aquí.  El pueblo judío ha sido el chivo expiatorio en muchos lugares donde ha vivido a lo largo de su extensa historia.  En Europa medieval, por ejemplo, fueron culpados por la mortal plaga negra, o peste bubónica, que arrasó el continente y acabó con un estimado de 25 millones de personas.  Debido a su adherencia a las leyes Mosaicas respecto a la higiene y saneamiento, el pueblo judío no se vio afectado en gran manera por la plaga, y algunas personas mal informadas decidieron, ¡qué no se habían enfermado, porque ellos eran los causantes de la epidemia!

Pese a todo, esto todavía no explica la frecuencia o consistencia con la que los judíos han sido acusados de todo lo malo y convertidos en chivo expiatorio.  ¿Por qué no usaron a los árabes, persas, griegos o cualquier otro grupo que constituyera una minoría en algunas partes de mundo, como chivos expiatorios?  ¿Por qué siempre ha tenido que ser el pueblo judío?

Una teoría debe ajustarse a los hechos

     Cualquiera que propone una teoría debe asegurarse que concuerda de manera adecuada con los hechos conocidos.  El problema con muchas hipótesis acerca de eventos tales como el asesinato de John F. Kennedy, la desaparición de la aviadora Amelia Earhart, y otros, es que sus proponentes, a menudo han manipulado los hechos, para que se ajusten a la teoría, en lugar de ser lo opuesto.

Cuando se quiere explicar la fuente de origen del antisemitismo, entonces debemos tener en cuenta los hechos conocidos.  Es como reunir las piezas de un rompecabezas.  Ahora permítame citarle algunas de estas piezas:

El antisemitismo trasciende la historia.  No se ha limitado a un período o era, sino que se extiende por miles de años, remontándose mucho más allá de la edad de bronce y el tiempo de Abraham, yendo hasta los años 1900 A.C.  Sin embargo, sí parece aumentar durante ciertos períodos.
El antisemitismo trasciende la geografía y el origen étnico.  No está limitado a una localidad o cultura.  Ningún ser humano individualmente o nación han sido responsables.  El antisemitismo está y se ha encontrado en todos los lugares donde viven los judíos, en incontables sitios del mundo.
El antisemitismo trasciende la religión.  Por espantoso que pueda parecer, algunos de los escritores antisemitas más notables han sido judíos.  Tal como Karl Marx, quien era un ateo, pero nunca se identificó como judío.  Otros han sido cristianos nominales.  Hoy, muchos grupos antisemitas de la supremacía blanca, se disfrazan como “cristianos”.  También facciones islámicas de la supremacía negra, tal como la organización religiosa y socio-política Nación del Islam en Estados Unidos, dirigida por Louis Farrakhan, es abiertamente antisemita.

A lo largo de los siglos, los puntos de vista del antisemitismo se han basado en ciertos temas comunes, tal como supuestas conspiraciones judías contra instituciones establecidas; políticas y religiosas, y evidencia falsificada que sugiere una fuente común de origen.

La dinámica espiritual detrás del antisemitismo

     Entonces, ¿qué es lo que realmente hay detrás de este triste fenómeno?  La respuesta más breve es: El mundo odia a Israel, porque el diablo también lo aborrece.

Pero... ¿acaso eso coincide con los hechos?  Sí, sabemos que el diablo y sus secuaces trascienden la historia, que han estado activos en nuestro mundo desde el huerto del Edén.  También la influencia de ellos no se limita a una localidad étnica o geográfica.  Sus actividades tampoco están confinadas a ninguna religión.  El diablo es un consumado ecuménico, él puede trabajar con cualquier religión, incluyendo el “cristianismo” nominal.

La Biblia nos dice, que el actual sistema mundial está bajo el control e influencia de un ser invisible, diabólico y super inteligente, que en Efesios 2:2 se le llama el “príncipe de la potestad del aire”.  En el Antiguo y Nuevo Testamentos, se le conoce por muchos nombres y títulos.  Por ejemplo en Mateo 4:1, se le denomina “el diablo”, en Mateo 4:3 “el tentador”, en Mateo 12:24 “Belzebú, príncipe de los demonios”, en Marcos 1:13 “Satanás”, en 1 Pedro 5:8 “adversario”, en Apocalipsis 12:10 “acusador”, en 2 Corintios 4:4 “el dios de este siglo” y en 2 Corintios 6:15 “Belial”.

De acuerdo con el apóstol Pablo en 2 Tesalonicenses 2:8, el antimesías de los últimos días el “inicuo” o Anticristo, operará en el espíritu y poder de Satanás: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida”.

En Apocalipsis 9:11 hay dos nombres adicionales, uno en griego y otro en hebreo, y ambos significan «Destructor».  Juan dice: “Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión”.  Este “ángel del abismo” es el diablo.

Entonces... ¿es el diablo real, un ser personal?  ¿O se trata simplemente de una metáfora para el mal que existe en nuestro mundo?

J. Massyngbaerde Ford, profesor de estudios del Nuevo Testamento en Notre Dame, hace esta observación: «Muchos teólogos modernos consideran a Satanás como un símbolo de las fuerzas e inclinaciones del mal, en lugar de tratarse de una figura personal y espiritual».

Sin embargo, simples símbolos y metáforas no le hacen justicia al diablo.  No hay ninguna razón buena y simple para verle como algo menos que real, un ser angélico, aunque reducido a su condición de ángel caído, quien en una ocasión ocupó una alta posición entre las huestes celestiales, como así lo declara el libro de Job: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás” (Job 1:6).

Evidentemente fue su orgullo lo que hizo que cayera del cielo, tal como dijo el Señor Jesucristo en Lucas 10:18: “...Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”.  Asimismo dice Ezequiel: “Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.  Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.  A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector” (Ez. 28:14-16).

El apóstol Pedro hizo esta advertencia: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P. 5:8).  El diablo es real, un ser personal, y este león rugiente lo simboliza.

El plan del diablo

     El personaje conocido como Satanás es importante en las Escrituras judías y en otras fuentes de información judías.  Este ser diabólico es astuto y posee un alto grado de inteligencia, no olvide que antes de su caída estaba en la presencia de Dios.  La Escritura lo retrata maquinando cosas diabólicas; sin embargo una de sus características más prominentes es su odio intenso por Israel y el pueblo judío.

En los estudios bíblicos a menudo nos referimos a «la ley de primera mención».  Es decir, que si estamos tratando de entender cierto término bíblico, debemos ir al primer lugar en donde se menciona.

Si hacemos esto, al buscar el nombre «Satanás», encontramos que se cita por primera vez en 1 Crónicas 21:1, en donde dice: “Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel”.

Por otra parte, la Biblia también nos dice que el arcángel Miguel, un ser angélico poderoso, es específicamente responsable de cuidar a Israel.  Es decir, que un ángel caído se opone a Israel y el otro está en su favor.

Daniel 12:1 lo confirma: “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”.

En un pasaje correspondiente en Apocalipsis 12:7, encontramos a Miguel y sus ángeles peleando contra el “dragón”, otro símbolo para el diablo.  “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles”.

El escenario descrito aquí está en el futuro.  Pero, entonces... ¿por qué estas dos potencias angélicas gigantescas; una un arcángel, y la otra un antiguo querubín, se trabarán en esta batalla épica?  El hecho que Miguel, quien fue divinamente designado para proteger al pueblo de Israel, esté involucrado, es una clara indicación de que están peleando por el pueblo judío.

Cuando revisamos el contexto del capítulo 12 de Apocalipsis, vemos que esto es precisamente de lo que trata este conflicto.  El dragón, Satanás, está listo para devorar a una mujer a punto de dar a luz a un niño.  El niño es el Mesías, por lo tanto la mujer representa a Israel, que es su linaje físico.  “También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra.  Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese” (Ap. 12:3, 4).

Tan pronto nació el Niño, quedó bajo la protección divina.  “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.  Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días” (Ap. 12:5, 6).
En este punto de la narrativa profética, el diablo congrega a todas sus fuerzas para oponerse al Reino Mesiánico y la autoridad del Gobernante designado por Dios, a Jesús el Mesías.  Juan escribe: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Ap. 12:10).

¡No asombra entonces que el diablo esté tan interesado en impedir la llegada del Reino Mesiánico!  Sabe que la venida del Mesías verdadero marcará su caída final.
La otra razón de por qué se opone a la llegada del Reino de Dios es, que desea que el poder y la adoración estén dirigidos a él, y no a Dios.  Vemos esto claramente en Apocalipsis, en donde el diablo acepta repetida e indirectamente la adoración, a través de su representante el antimesías, el Anticristo:

•   “Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Ap. 13:8).
•   “Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada.  También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres” (Ap. 13:12, 13).
Además, el diablo es el dios de este mundo y aspira estar a la cabeza de su propio reino terrenal.  Note que cuando ofreció dar al Señor Jesucristo los reinos de este mundo, Él no le disputó el derecho de su propiedad.  “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.  Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mt. 4:8-10).

A lo largo de la historia han habido numerosos intentos por adelantarse e impedir la instauración del Reino Mesiánico con un reino falsificado.  Los césares, quienes fueron adorados como dioses, gobernaron el antiguo imperio romano, de allí fue donde se originó el título alemán de kaiser.  Pero el reino de ellos finalmente se derrumbó.  Carlomagno trató de revivirlo siglos después, con su “sacro imperio romano”.  En el siglo XX, Hitler, quien tenía complejo mesiánico estableció su “tercer reich”, ya que reich significa «reino» o «mancomunidad», lo cual aseguró que perduraría por mil años.

Todos esos reinos llegaron a su fin.  Sin embargo, algún día, el propio Mesías vendrá y grandes voces en el cielo declararán: “...Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Ap. 11:15b).

Mientras tanto, la estrategia de Satanás es impedir la venida del Reino Mesiánico, al erradicar a Israel y a su pueblo.  Sin el pueblo y la nación judía, las siguientes profecías entre muchas otras, nunca podrían tener cumplimiento.

  • “Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa.  Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.  Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra” (Is. 11:10-12).  El profeta presenta un hermoso escenario milenial, en ese día cuando el Mesías, “la vara”, reunirá a los exilados de Israel en su propio territorio.  Y dice Isaías 19:23-25 que “habrá una calzada de Egipto a Asiria” hasta Jerusalén.  Finalmente los árabes vivirán en paz y prosperidad con sus primos judíos en el Medio Oriente, sin barreras o puestos de aduana.  Esta profecía no tendría sentido si Israel no existiera.
  • “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.  Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” (Jer. 31:33, 34).  Todo el pueblo de Israel: tanto Judá como Efraín, conocerán y servirán al Señor cuando llegue el Reino.  Esto será posible mediante la promulgación del nuevo pacto, mediante el cual, los pecados de Israel serán perdonados y olvidados.  Una vez más, esto no podría ocurrir sin el pueblo judío.
  • “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados!  ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!  He aquí vuestra casa os es dejada desierta.  Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor”(Mt. 23:37-39).  Jesús dice en este pasaje que no retornará hasta que el pueblo judío le reconozca oficialmente como su Mesías y Salvador, tal como declara Salmo 118:26.  En el primer siglo de la era cristiana, el Sanedrín, cuyos líderes provenían de las tribus prominentes de Israel, tenían la responsabilidad de aceptar o rechazar a su Mesías en favor de su nación.  En el futuro, otro Sanedrín o un cuerpo similar de representantes, tendrá esa misma responsabilidad.  Obviamente, la remoción de Israel del escenario, invalidaría toda esta profecía.
  • “Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?  Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad” (Ro. 11:24-26).  Pablo se refiere aquí a una serie de eventos escatológicos.  Primero, el pueblo judío rechaza a su Mesías y son puestos temporalmente a un lado debido a su incredulidad.  Segundo, Dios suspende sus tratos con Israel por un tiempo y se vuelve a los gentiles que son «injertados en el árbol del olivo, al creer en el Mesías».  Tercero, cuando las ramas naturales, es decir Israel, crean en Jesús, Dios volverá a injertarlos en el olivo.  El árbol Abrahámico de la fe tiene ramas judías y gentiles.  Pero si el pueblo judío es removido de la ecuación, este ciclo quedaría irreparablemente roto.

Conclusión

     El mundo está en contra de Israel porque el diablo también está.  Y Satanás está en contra de Israel, por lo que representa específicamente.  Pero Dios en su maravillosa gracia, y a pesar de los pecados de la nación guardará su promesa.

El diablo desprecia a Israel por el papel fundamental que esta diminuta nación desempeña en el plan de Dios, y finalmente para su propia caída.  Otra razón de su odio es, porque sabe lo mucho que Dios los ama: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.  No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto” (Dt. 7:6-8).

El odio del diablo contra Israel es intensamente personal.  A él le gustaría acabar con “la niña de su ojo”.  Sin embargo, el propio Dios promete que nunca será así: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.  Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.  Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre” (Jer. 31:33-35).

volver arriba