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Las armas secretas de Israel

  • Fecha de publicación: Martes, 19 Febrero 2008, 21:03 horas

El 6 de junio de 1982 el estado de Israel se lanzó en una acometida masiva hacia la parte sur del territorio de Líbano, despachando una columna de vehículos blindados e infantería y ataque antiaéreo encaminado a hacer retroceder a los artilleros terroristas de la Organización de Liberación Palestina (OLP) que se encontraban en la frontera norte de Israel.

El entonces primer ministro israelí, Menachem Begin le informó al presidente Reagan de Estados Unidos, que las fuerzas israelitas estaban invadiendo a Líbano y que tratarían de hacer retroceder a las unidades de la OLP 40 kilómetros hacia el norte. De tal manera que todos los civiles que habitaban la región de Galilea en la parte perteneciente a Israel se verían por fin libres de la amenaza permanente que se cernía sobre sus vidas.

Ya han pasado 37 años desde que tuviera lugar la Guerra de los Seis Días, época en que la Jerusalén de oro estuvo de boca en boca. Tal parece que desde entonces hasta ahora, hubiese transcurrido toda una vida y que aquello formara parte de otro mundo, al menos de otra generación. Fue un punto de viraje nacional y crucial. La guerra del 6 de junio de 1982, fue asimismo una crisis nacional, incluso hasta internacional de grandes proporciones. De igual manera, la guerra en el Golfo Pérsico ocurrida en 1991, aunque no involucrara a Israel en forma directa, sí causó tensión profunda en todo su territorio.

Si hacemos una breve encuesta estadística sobre el pasado siglo XX, advertimos que los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, durante ese siglo y ya en este siglo XXI, han desenvainado un formidable arsenal de armas secretas en forma muy superior a cualquier otra nación contemporánea en el mundo. Brevemente nos proponemos examinar este desarrollo único, pero antes citaremos un texto de la Palabra de Dios que porta prueba del extraordinario talento e ingenio de la nación de Israel. Dice Deuteronomio 29:29: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”.

Este texto vital de testimonio, esboza los límites y propósitos de la revelación de Dios. Evidentemente hay algunas cosas que el Todopoderoso ha decidido mantener en secreto, por lo menos hasta que llegue el momento apropiado. Por otra parte, están esas otras que Él decidió revelar a determinadas personas, especialmente a esos a quienes ha escogido de acuerdo con su soberanía.

De manera reverente nos proponemos explorar algunas de estas cosas secretas que han sido reveladas por Dios a su nación escogida. Por el momento, nos limitaremos a referirnos a las armas con que cuenta Israel. Fácilmente se puede reconocer que los israelitas o judíos como se les conoce mejor en nuestra sociedad contemporánea, han contribuido en el campo de la ciencia más que ninguna otra nación en el mundo. Algunos de sus científicos más destacados se han hecho acreedores del premio Nobel, dando testimonio de este ilustre registro de hombres y mujeres de ascendencia judía.

Para ilustrar parte de esta vasta contribución especial aportada por los descendientes del pueblo de Israel, citaremos un ejemplo aunque no corresponda a este siglo XX por considerarlo de gran interés para todo el mundo hispanoamericano. El hecho que aludiré es conocido por el público en general, lo que la gran mayoría ignora es que su protagonista era un descendiente de Abraham, un judío. Evidentemente fue la voluntad de Dios, que en la plenitud del tiempo, surgiese un hombre devoto, conocedor del plan y propósito que el Creador tenía para su vida, ese hombre fue Cristóbal Colón, un judío español estudioso diligente de la Palabra de Dios, gran comentarista bíblico con amplio conocimiento del latín, hebreo y griego. El descubrimiento de América tuvo lugar un cuarto de siglo antes que se iniciase la Reforma Protestante, por eso la historia registra que el ilustre descubridor era católico, ya que en ese entonces era el nombre con que se designaba a los cristianos en general.

C olón registró en su diario que oraba incansablemente a Dios y que escudriñaba repetidamente muchos pasajes de la Biblia altamente significativos, en particular el libro de Isaías, los Salmos, los evangelios y otros más. La publicación Jewis Current Events del 31 de octubre de 1998, informó que la Inquisición Española contra los judíos se inició en el mismo año en que Cristóbal Colón descubrió América. En 1492, los judíos tuvieron que abandonar el país o cambiar de religión. Cristóbal Colón era un judío según se cree nacido en Génova. Su apellido era bastante común entre los judíos de esa época y es aquí donde se aplica el texto de Deuteronomio 29:29 que citáramos en un principio.

Dios permitió que Colón descubriera el nuevo mundo, un secreto que había permanecido oculto para los europeos hasta que su siervo arribó a la isla de San Salvador, llamada así por su descubridor en honor de nuestro bendito Señor y salvador Jesucristo. A continuación vamos a hacer un breve resumen de los grandes logros que han llegado hasta nosotros a través de siervos judíos escogidos por la mano de Dios.

Hayyim Weizmann

Hayyim Weizmann, nació el 27 de noviembre de 1874, en Molti, área que en la actualidad se conoce como Bielorrusia. Estudió en Alemania y Suiza, en las universidades de Berlín y Friburgo. Fue profesor de química en la Universidad de Ginebra en 1901, y profesor adjunto de bioquímica en la Universidad de Manchester en 1904. Los hechos más destacados en la vida de Weizmann comenzaron a desarrollarse cuando irrumpió la I Guerra Mundial y Dios hizo que saliera de Polonia y se trasladase a Inglaterra. Mientras desempeñaba el cargo de director de los laboratorios del Almirantazgo Británico entre 1916 a 1919, el científico se advirtió de que quizá los británicos no iban a terminar la guerra victoriosamente. Fue así como se puso a realizar investigaciones de manera incansable, terminando por descubrir y desarrollar un método para sintetizar acetona.

La acetona es un líquido incoloro, de olor característico, muy volátil, preparado por destilación seca del acetato de calcio, ampliamente usada como disolvente industrial. Sus estudios con este fluido le permitieron descubrir un método para sintetizarla y extraer de ella una sustancia esencial en la elaboración de la cordita, un explosivo compuesto de algodón, pólvora, nitroglicerina, que se mezcla con acetona. Con esto le prestó un servicio notable al gobierno británico durante los últimos años de la I Guerra Mundial. Weizmann fue reconocido en toda la nación por el descubrimiento de este secreto.

Durante sus días estudiantiles, Weizmann se interesó por el sionismo y pasó a ser uno de los primeros líderes del movimiento. En junio de 1917 el primer ministro de Gran Bretaña David Lloyd George, prometió retribuirlo por este logro espectacular y Weizmann pidió como recompensa que el gobierno británico proporcionara un hogar geográfico nacional para el pueblo judío. Weizmann participó en las conversaciones que llevaron a la proclamación en 1917 por parte del gobierno británico de la Declaración Balfour, que aprobaba el establecimiento de «una patria nacional para el pueblo judío» en Palestina. Entre 1921 a 1929 Weizmann fue presidente de la Organización Sionista Mundial, la que actuó como fuerza de equilibrio entre aquellos que querían un cumplimiento inmediato de la Declaración Balfour y los británicos y árabes, que se resistían a cualquier maniobra de este tipo.

Esta arma secreta extraída de la acetona, se convirtió en el instrumento directo que finalmente conllevó al establecimiento del estado de Israel el 14 de mayo de 1948. Weizmann pudo ver en esto parte del cumplimiento de la promesa dada por Dios en Ezequiel 37:14: “Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová”. Weizmann fue testigo del cumplimiento dramático de esta profecía específica dada 2.500 años antes.

En 1925 inauguró la Universidad Hebrea de Jerusalén, y fue presidente de la Agencia Judía para Palestina, un organismo representativo de los intereses judíos en la zona bajo las preceptivas autoridades británicas; de este modo ejerció alguna autoridad política sobre los residentes judíos de Palestina. Se trasladó a Palestina en 1934 y trabajó como director del Instituto de Investigación Daniel Sieff de Rehovot y como presidente de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Durante la II Guerra Mundial, fue asesor honorario del Ministerio de Suministros británico. En 1948 Weizmann fue nombrado presidente del gobierno provisional y al año siguiente se convirtió en el primer presidente del nuevo estado de Israel, cargo que mantuvo hasta su muerte.

El Instituto Weizmann de Ciencia, que incorporaba al Instituto de Investigación Daniel Sieff, fue fundado en Rehovot en 1949 y Weizmann fue nombrado su director. Sus investigaciones en este instituto, principalmente en agronomía, mejoraron la producción de cosechas, la gestión del suelo y el desarrollo de alimentos proteínicos.

Dios usó a este ilustre sabio judío para hacer que se refundara el estado de Israel y que los judíos regresaran a su tierra natal. El profeta Ezequiel fue absolutamente preciso cuando declaró: “Y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos” (Ez. 37:21, 22).

Otro capítulo de importancia en la pintoresca vida de Weizmann tuvo lugar durante la II Guerra Mundial. En esa época el científico ofreció sus servicios al gobierno de Estados Unidos como consejero en la elaboración de un caucho sintético, siendo aceptado su ofrecimiento con beneplácito. Weizmann aportó una contribución sustancial en el desarrollo de la industria del caucho, que vino a ser el factor clave en la producción de guerra de Estados Unidos. Las armas secretas del judío Weizmann abarcaron dos guerras mundiales. Es evidente que Dios motivó a ese primer presidente elegido del estado de Israel, para que le diese al mundo el regalo de dos armas secretas.

Lise Meitner

La física nuclear Lise Meitner fue evidentemente una de las científicas más destacadas del siglo XX, aunque no sea tan conocida como se merecía. Nació en 1878 en Viena y murió en 1968. Esta física austrosueca identificó por primera vez la fisión nuclear. Estudió en las universidades de Viena y Berlín y fue profesora de física en la Universidad de Berlín. En 1938 abandonó Alemania y se unió al personal de investigación atómica de la Universidad de Estocolmo. En 1939 Meitner publicó el primer artículo sobre la fisión nuclear. Fue una experta en la investigación sobre la teoría atómica y contribuyó a descifrar los misterios de la radiactividad. En su obra predijo la existencia de la reacción en cadena, que contribuyó al desarrollo de la bomba atómica. En colaboración con Otto Hahn, descubrió el protactinio y sus trabajos en los elementos transuránicos, o elementos radiactivos no naturales obtenidos artificialmente por bombardeo atómico, contribuyeron a que se descubriese la fisión neutrónica inducida por los núcleos del uranio.

Si se evalúan las muchas semanas y meses críticos y la cantidad de vidas que se salvaron al haber hecho uso, como un recurso desesperado, de la bomba atómica, durante la II Guerra Mundial, es fácil discernir y darse cuenta que la señora Meitner, una judía, contribuyó a evitar la masacre de muchas vidas.

Albert Einstein

El nombre de Albert Einstein es bastante familiar. Es quizá el científico más importante y conocido del siglo XX. Aunque se considera a Einstein como norteamericano, la verdad es que nació en Ulm, Alemania, el 14 de marzo de 1879 y falleció en 1955 en Estados Unidos. Pasó su juventud en Munich, donde su familia poseía un pequeño taller de máquinas eléctricas. Ya desde muy joven mostraba una curiosidad excepcional por la naturaleza y una capacidad notable para entender los conceptos matemáticos más complejos. A los doce años ya conocía la geometría de Euclides. Y a los quince años, cuando su familia se trasladó a Milán, Italia, a causa de sucesivos fracasos en los negocios, Einstein abandonó la escuela. Pasó un año con sus padres en Milán y viajó a Suiza, donde terminó los estudios secundarios e ingresó en el Instituto Politécnico Nacional de Zurich.

Durante dos años Einstein trabajó dando clases particulares y de profesor suplente. Consiguió un trabajo estable como examinador en la Oficina Suiza de Patentes en Berna. Fue famoso por ser el autor de las teorías general y restringida de la relatividad y por sus hipótesis sobre la naturaleza corpuscular de la luz. Se doctoró en la Universidad de Zurich, con una tesis sobre las dimensiones de las moléculas. También publicó tres documentos teóricos de gran valor para el desarrollo de la física del siglo XX. Estos documentos revolucionaron los perfiles del universo físico del hombre y asentaron la fundación para la asombrosa era atómica. El primero de estos trabajos le hizo merecedor del premio Nobel en el año 1921. En él explicaba el efecto fotoeléctrico que fue la base decisiva para la invención de la televisión. En el segundo, estudió las relaciones existentes entre masa y energía, estableciendo la famosa ecuación E = mc: Energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado. Demostró de manera asombrosa la fuerza que se libera en las explosiones atómicas. En el tercer documento sentó las bases de la teoría de la relatividad de consecuencias revolucionarias para la física moderna.

La tercera publicación de Einstein en 1905, sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento, formulaba lo que después llegó a conocerse como la teoría especial de la relatividad, o teoría restringida de la relatividad. Desde los tiempos del matemático y físico inglés Isaac Newton, los físicos y químicos de ese tiempo habían intentado comprender la naturaleza de la materia y la radiación, y su interacción en algunos modelos unificados del mundo. La hipótesis que sostenía que las leyes mecánicas eran fundamentales se denominó «visión mecánica del mundo». La hipótesis que aseguraba que eran las leyes eléctricas las fundamentales recibió el nombre de «visión electromagnética del mundo». Ninguna de las dos concepciones era capaz de explicar con fundamento la interacción de la radiación; por ejemplo, la luz y la materia al ser observadas desde diferentes sistemas de inercia de referencia, es decir, la interacción producida en la observación simultánea por una persona parada y otra moviéndose a una velocidad constante.

Einstein se dio cuenta de que la solución no estaba en la teoría de la materia, sino en la teoría de las medidas. En el fondo de su teoría restringida de la relatividad se encontraba el hallazgo de que toda medición del espacio y del tiempo es subjetiva. Esto le llevó a desarrollar una teoría basada en dos premisas: el principio de la relatividad, según el cual las leyes físicas son las mismas en todos los sistemas de inercia de referencia; y el principio de la invariabilidad de la velocidad de la luz, según el cual la velocidad de la luz en el vacío es constante. De este modo pudo explicar los fenómenos físicos observados en sistemas de inercia de referencia distintos, sin tener que entrar en la naturaleza de la materia o de la radiación y su interacción, pero nadie entendió su razonamiento.

A pesar de que los científicos de su tiempo no comprendían mucho de sus teorías, tuvo seguidores muy importantes. Su primer defensor fue el físico alemán Max Planck. Einstein empezó a destacar dentro de la comunidad científica, y así ascendió en el mundo académico de la lengua alemana. Primero fue a la Universidad de Zurich y dos años más tarde se trasladó a la Universidad de Praga. Regresó al Instituto Politécnico Nacional de Zurich y finalmente fue nombrado director del Instituto de Física Kaiser Guillermo en Berlín. Su teoría general completa de la relatividad no fue publicada hasta 1916. Basándose en la teoría general de la relatividad, Einstein pudo entender las variaciones hasta entonces inexplicables del movimiento de rotación de los planetas y logró predecir la inclinación de la luz de las estrellas al aproximarse a cuerpos como el Sol. La confirmación de este fenómeno durante un eclipse de sol en 1919 fue toda una noticia y su fama se extendió por el mundo.

Einstein consagró gran parte del resto de su vida a generalizar su teoría. Su último trabajo, la teoría del campo unificado, no tuvo demasiado éxito. La mayoría de sus colegas pensaron que sus esfuerzos iban en dirección equivocada. Entre 1915 y 1930 la corriente principal entre los físicos era el desarrollo de una nueva concepción del carácter fundamental de la materia, conocida como la teoría cuántica. Sin embargo, Einstein mantuvo una posición crítica respecto a estas tesis hasta el final de su vida. «Dios no juega a los dados con el mundo», llegó a decir.

A partir de 1919, Einstein recibió el reconocimiento internacional y acumuló honores y premios de distintas sociedades científicas, como el Nobel de Física en 1922. Visitó España en 1923 y Argentina, Uruguay y Brasil en 1925. El pacifismo y el sionismo fueron los dos movimientos sociales que recibieron todo su apoyo. Durante la I Guerra Mundial, Einstein fue uno de los pocos académicos alemanes que condenaron públicamente la participación de Alemania en el conflicto. Después de la guerra siguió con sus actividades pacifistas y sionistas, por lo que fue blanco de los ataques de grupos antisionistas alemanes. Sus teorías llegaron a ser ridiculizadas en público, especialmente la de la relatividad.

Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Einstein abandonó Alemania y emigró a Estados Unidos, donde ocupó un puesto en el Instituto de Estudios Superiores en Princeton, Nueva Jersey. Siguió con sus actividades en favor del sionismo, pero abandonó su postura pacifista anterior a la vista de la amenaza que suponía para la humanidad el régimen nazi en Alemania.

En 1939 Einstein participó junto con otros físicos en la redacción de una carta dirigida al presidente Franklin D. Roosevelt en la que se pedía la creación de un programa de investigación sobre las reacciones en cadena. La carta, que sólo estaba firmada por Einstein, consiguió acelerar la fabricación de la bomba atómica, en la que no participó directamente. En 1945, cuando ya era evidente la existencia de la bomba, Einstein volvió a escribir al presidente para intentar disuadirlo de utilizar el arma nuclear. Sin embargo, Dios sabía de los nazis y de los propósitos que albergaban para destruir a los judíos, así como también sabe que los árabes de hoy desean ardientemente hacer lo mismo. Hitler declaró fieramente durante una alocución: «¡No habrá más problema con los judíos, porque sencillamente no habrán más judíos!» Lo que no sabía, era que el Dios de la creación había determinado que los alemanes serían derrotados y divididos en Alemania Oriental y Occidental.

El Dios Todopoderoso llevó al instigador y promotor del genocidio de millones de personas, quien intentó exterminar al pueblo escogido de Dios, a un final suicida. Más tarde los judíos no sólo se recobraron de la amputación de un tercio de su raza sacrificada en los hornos crematorios de Auschwitz, Belsen, Buchenwald, Treblinka y Dachau, los que sumaron aproximadamente seis millones, sino que, además, por primera vez desde el año 70 de la era cristiana, se convirtieron en un estado independiente con su tierra natal restaurada. Es claro que Dios cambió de manera decisiva los planes políticos y militares del hombre.

La milagrosa salvación de Gran Bretaña durante la I Guerra Mundial, gracias a la intervención de Weizmannn y su descubrimiento con la acetona, proclamó el hecho de que las armas secretas de Dios iban a ser develadas una por una. En la II Guerra Mundial, Gran Bretaña y Estados Unidos fueron librados de Hitler, el eje dominante de esa guerra, por dos científicos judíos.

Los nazis expulsaron a Einstein de la Academia Prusia de Ciencia, confiscaron sus propiedades, revocaron su ciudadanía y pusieron precio a su cabeza. Después de la guerra, Einstein se convirtió en activista del desarme internacional y del gobierno mundial, y siguió contribuyendo a la causa del sionismo, pero declinó una oferta de los líderes del Estado de Israel para ocupar el cargo de presidente.

En la actualidad hay muchos pacifistas que critican las armas nucleares que se originaron del ingenio de este sabio eminente, no obstante es importante recordar que la Palabra de Dios expresa claramente en Éxodo 15:3: “Jehová es varón de guerra; Jehová es su nombre”. Esta afirmación provino de Moisés, después de su victoria sobre el faraón y el pueblo egipcio, quienes eran enemigos de Israel. En nuestro tiempo, desde 1948 hasta la fecha, Egipto ha promovido ya cuatro guerras en contra de Israel.

Hoy en día Israel está rodeado de enemigos. Los países que lo circundan son: Marruecos, Argelia, Tunesia, Libia, Egipto, Sudán, Yemen, Arabia Saudita, Iraq, Siria, Jordania, Kuwait, Qatar, Mescate y Omán, Yemen del Sur y Líbano los que ocupan unos 11.805.840 kilómetros cuadrados, sin incluir naciones musulmanas como Turquía, Irán, Indonesia y Rusia. El territorio de Israel por contraste sólo abarca 21.946 kilómetros cuadrados, que son insignificantes en comparación con la extensión de estos países. Todas estas naciones anhelan acabar con Israel y visualizan su holocausto futuro. Israel comparado con ellos es como una triste partícula de polvo en medio de un vasto desierto. A la luz del escenario que hemos descrito, no debemos olvidar la forma providencial cómo Albert Einstein descubrió el arma secreta más poderosa de todo el largo registro histórico del hombre.

La liberación política y militar del pueblo escogido de Dios está registrada en un lenguaje que no admite error. Y nos dice así Éxodo 14:30: “Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar”.

Las primeras bombas atómicas que se originaron de esta arma secreta que le revelara Dios a Einstein, fueron detonadas experimentalmente en Alamogordo, Nuevo México, el 16 de julio de 1945 y las otras sobre Hiroshima y Nagasaki el 6 y 9 de agosto de 1945 respectivamente. Dios le reveló a Einstein un arma secreta que había permanecido como un misterio para el resto de la humanidad. Permitió que supiera que cuando se unen dos partes de uranio 235, o isótopos de uranio my enriquecido y plutonio 239, llamadas masas subcríticas, se da origen a una masa supercrítica que al juntarse en un pequeño volumen generan una reacción espontánea en cadena que libera cantidades enormes de energía. Dios no permitió que los nazis descubrieran este secreto.

Mediante el Proyecto Manhattan que costó 2.500 millones de dólares, se logró descubrir que si se divide cada átomo de una simple libra de uranio, la energía que generaría sería igual al poder explosivo de 900 toneladas de TNT, de trinitrotulueno. La explosión de la primera bomba atómica detonada experimentalmente en el verano de 1945, se mantuvo como un secreto militar, pero se sabe que a las tres explosiones se les ha calculado un rango de potencia de 15 a 20.000 toneladas de TNT.

Es innegable también que el último libro del Antiguo Testamento, hace alusión a la edad atómica que precederá al milenio. Leemos en Malaquías 4:1: “Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama”. Todavía no se ha iniciado el período de la tribulación, pero ya estamos experimentando el temor de que se avecina algo semejante. Se puede visualizar con bastante claridad que para ese tiempo tenebroso está reservada una poderosa explosión nuclear.

El Señor también nos brinda una alternativa maravillosa en Malaquías 4:2: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada”. Esta bendita alternativa es el Señor Jesucristo, y usted mismo deberá escoger si se reclina en el seno del Señor o se estrella contra el escudo de Dios.

Según las estadísticas más recientes, se ha estimado que el 75% de todos los científicos que han existido en el mundo están vivos en la actualidad. Son innumerables los judíos a quienes Dios les ha revelado secretos importantes en esta generación, tal como afirma Deuteronomio 28:29. Esto es prueba de la fuerza y poder de la Palabra de Dios y la infalibilidad de las Sagradas Escrituras.

A continuación mencionaré a otros científicos judíos destacados que servirán para darnos una idea más amplia acerca de la gigantesca explosión científica de nuestro tiempo, lo que corrobora cada jota y cada tilde de la Palabra inspirada de Dios. Después de todo fue el sabio más grande de la historia el que una vez expresó estas palabras registradas en Mateo 5:18: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”. Otro científico que también ha brindado un gran aporte a las armas de nuestra generación fue:

Julius Robert Oppenheimer

El científico Julius Robert Oppenheimer nació en la ciudad de Nueva York, el 22 de abril de 1904 y falleció en 1967. Estudió en las universidades de Harvard, Cambridge y Gotinga en donde obtuvo sus notables credenciales académicas. Fue después de esto que comenzó a ascender por la escalera de la fama. Después de trabajar en el International Education Board fue profesor de física en la Universidad de California y en el Instituto de Tecnología de California donde impulsó numerosas escuelas de física teórica. Fue famoso por sus contribuciones a la teoría cuántica, la teoría de la relatividad, rayos cósmicos, positrones y estrellas de neutrones.

Durante un permiso temporal, Oppenheimer estuvo de director del proyecto de la bomba atómica en Los Álamos, Nuevo México. Su talento para la dirección y organización le valieron la medalla presidencial del Mérito en 1946. En 1947 desempeñó el cargo de director del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Nueva Jersey, donde permaneció hasta un año antes de su muerte. Fue también presidente del comité consultivo general de la Comisión de Energía Atómica, desde 1947 hasta 1952 y a partir de ese momento trabajó como consejero.

A Oppenheimer se le recuerda por su valiosa colaboración en los estudios e investigaciones de la física cuántica, aunque también fue un pionero en los estudios sobre los rayos cósmicos y la relatividad. A través de sus investigaciones tecnológicas y experimentales descubrió que una suave y diminuta esfera de uranio o plutonio era suficiente para sustentar una reacción en cadena súbita. Como resultado de esto, un material fisionable del tamaño aproximado de una pelota de béisbol podría producir una estructura crítica que sólo necesitaría una cantidad mínima para alimentar una reacción en cadena. Tales experimentos fueron realizados por primera vez en la historia por este notable científico y podemos reconocer a través de ellos que esas cosas secretas que pertenecen a Dios han sido reveladas a exploradores en el campo de la ciencia.

Oppenheimer dirigió un grupo brillante de científicos en un esfuerzo que fue coronado con la prueba exitosa de una bomba atómica realizada en Alamogordo. En 1963 la prestigiosa Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos le concedió el premio Fermi. El Instituto Princeton, bajo su liderazgo se convirtió en uno de los centros más destacados en el ramo de la física y la matemática.

Acontinuación me referiré al científico húngaro Edward Teller, una de las estrellas más prominentes de nuestra era atómica.

Edward Teller

     Edward Teller,  físico de origen judío, nacionalizado estadounidense, es conocido por su trascendental contribución para la fabricación de la bomba de hidrógeno.  Nació en Budapest en 1908 y murió el 9 de septiembre de 2003.  Estudió en Alemania en el Instituto de Tecnología de Karlsruhe y en las universidades de Munich y Liepzig.  En 1941 se convirtió en ciudadano estadounidense y se unió al proyecto de desarrollo de la bomba atómica, conocido como Proyecto Manhattan.  Durante más de una década trabajó con el físico de origen italiano Enrico Fermi en este y en otros proyectos sucesivos en las Universidades de Columbia, de Chicago y en Los Álamos, Nuevo México.  En 1952 comenzó a dar clases de física en la Universidad de California, Berkeley, y fue director del laboratorio de radiación de la universidad, el que se conoce hoy como Laboratorio Nacional Lawrence Livermore.  Se le considera el principal arquitecto de la bomba de hidrógeno, que se probó por primera vez en 1952.  Asimismo defendió con vigor que Estados Unidos continuara probando armamento termonuclear.  En 1975 se retiró de la enseñanza, pero permaneció como director emérito del laboratorio de radiación.

Teller se convirtió en el padre del explosivo más poderoso jamás inventando antes por el hombre, el que cayó providencialmente en manos del gobierno de Estados Unidos, en lugar de Rusia o Alemania.  En esa época Teller era todavía un refugiado de la campaña antijudía de Hitler.  Se encontraba en Dinamarca cuando los rusos se apoderaron de la nación y de allí huyó a Inglaterra para trasladarse finalmente a Norteamérica.

Este destacado científico elaboró el arma secreta más poderosa del mundo y la donó a su país adoptivo.  Dios lo preservó providencialmente de Hitler y de que su brillante carrera hubiera quedado truncada abruptamente cuando perdió el pie derecho en un accidente callejero.  Es claro que Dios conservó su vida para un propósito divino.  Estudió en Dinamarca bajo la tutoría de Hiels Bohr, otro judío danés famoso mundialmente y ganador del premio Nobel.

Cuando estalló la II Guerra Mundial acabando con un período de tranquilidad de 21 años, Teller junto con cinco científicos más visitaron a Albert Einstein y le sugirieron que escribiera al presidente Roosevelt manifestándole que ellos creían que era posible elaborar una bomba atómica que contribuiría a acortar la guerra.  Después de la II Guerra Mundial Rusia se convirtió en el nuevo flagelo del mundo, tal como había profetizado Ezequiel en los capítulos 38 y 39 de su libro inspirado.  Esta nueva superpotencia militar con su filosofía atea, soñaba desde entonces con tratar de someter al resto del mundo.  Teller estaba convencido de que podría fabricar una bomba más poderosa que la bomba atómica existente.  Convenció a muchos de sus amigos y terminaron por construir en California un nuevo laboratorio que costó 12 millones de dólares y el 1 de noviembre de 1952 se anunció al mundo la nueva bomba de hidrógeno.

Esta superbomba fue explotada experimentalmente por Estados Unidos en la zona del Pacífico.  El presidente Eisenhower manifestó en esa ocasión que la nueva bomba era 25 veces más poderosa que la bomba atómica.  Muchos de los aspectos de esta arma termonuclear permanecen todavía en secreto.  La bomba de escala completa probada en Operación Ivy generó una energía calculada en millones de toneladas de TNT.  Como consecuencia de esto se creó el megatón, una nueva unidad utilizada para expresar la potencia desarrollada por una explosión nuclear.  El megatón equivale a la explosión de un millón de toneladas de TNT, y a la superbomba de hidrógeno se le ha estimado un poder igual a 15 megatones.  La bomba puede ser disparada hacia un blanco por un lanzabomba, originando al explotar una bola incandescente de fuego de casi cinco kilómetros de diámetro, creando, además, una nube en forma de hongo que asciende rápidamente hacia la atmósfera.

En una explosión termonuclear las partículas se dividen en tal forma que son imposibles de controlar.  La explosión de una bomba de hidrógeno succiona millones de toneladas de tierra o agua y sus partículas pulverizadas ascienden a la nube de hongo resultante de la explosión para caer a la tierra contaminando su superficie.  En la actualidad la bomba atómica de Einstein es justamente como un gatillo que se acciona para que genere los neutrones y el calor necesario para desencadenar las dos etapas subsecuentes de ignición de la bomba de hidrógeno.  Para lograr la fusión nuclear se necesitan temperaturas de varios millones de grados, por eso se coloca una bomba de fisión en el interior del material de fusión.  Las bombas de fusión difieren de las de fisión porque producen gran cantidad de neutrones que son necesarios para mantener la reacción de fusión y porque su potencia puede ser miles de veces mayor que la bomba de fisión.

Evaluemos y conservemos en mente la fuerza que encierra esta declaración autoritaria expresada en Deuteronomio 29:29: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley”.  En esta poderosa arma secreta la fisión produce 200 isótopos que pertenecen a tres docenas diferentes de elementos químicos.  Estos científicos judíos tuvieron que investigar en esas “cosas secretas (que) pertenecen a Jehová nuestro Dios”.  Tal pareciera que el Todopoderoso le transmitió esos secretos a cerebros como Teller.  Dios invalida las leyes erróneas de hombres como Hitler, por eso un judío refugiado de Hungría pudo darle a Estados Unidos el arma más poderosa que el mundo jamás haya conocido.  Fue también un judío quien en los últimos tiempos elaboró otra arma secreta.

Samuel T. Cohen

Nos hemos movido de la primera serie de bombas conocidas como bombas atómicas de Einstein a otra más sofisticada que es la bomba H de Teller.  La cosa indescriptible y terrorífica de esta bomba termonuclear de fusión es la destrucción progresiva que causa por el sometimiento a las enormes temperaturas y la radiación nuclear.  Una minibomba de hidrógeno es capaz de matar instantáneamente a toda persona que se encuentre en un radio de 805 kilómetros.  La explosión provoca una nube radiactiva que regresa a la tierra según la dirección del viento, causando una lluvia radiactiva que puede ser manipulada hasta áreas más extensas.

La última en este arsenal de superbombas de los últimos días es la bomba de neutrones, cuyo desarrollo estuvo a cargo de Samuel T. Cohen, un judío norteamericano.  La palabra hebrea «kohen» significa literalmente «sacerdote».  ¿Será el padre de la bomba de neutrones un descendiente de Aarón?  Realmente es una perspectiva interesante.  Einstein fue el inventor de la bomba atómica, Teller de la bomba de hidrógeno y Cohen de la de neutrones, y los tres son judíos.  ¿Será acaso que Dios cuida de su pueblo hoy en día?  Lo hizo en los tiempos bíblicos y no se mantuvo inconmovible ante la masacre de seis millones de judíos promovida por Hitler.  Todo esto nos lleva a concluir que Dios está preservando a su pueblo en cierta forma, ya que han sido científicos judíos los que han descubierto estos secretos revelados.

El semanario dominical Parade comentó sobre este electrizante desarrollo: «Samuel Cohen y la bomba de neutrones... Los Angeles, California, Samuel Cohen no luce como el inventor de la bomba de neutrones, a diferencia de Edward Teller, padre de la bomba de hidrógeno.  En la personalidad de Cohen no hay nada de docto, autoritario o mefistofélico.  La mayoría de sus vecinos en Los Angeles no tienen ni la más remota idea de lo que hace o de quién es.  Cuando se les dice que es el físico que en 1958 desarrolló el concepto de la bomba de neutrones, mejor conocida como ‘bomba H limpia’, la cual ha sido motivo de controversia, las personas sacuden la cabeza con incredulidad.  Uno de sus vecinos comentó: ‘Su esposa albergaba caballos en su casa y supuse que era propietario de un establo’.  Samuel Cohen es el dueño de un brillante laboratorio científico y es experto en armas nucleares».

Con todo esto, ¿cómo pueden las naciones musulmanas y ateas continuar maquinando su infausto plan de destruir a Israel? Dios, que conoce el futuro con anticipación programó anticipadamente estos días y el curso de los acontecimientos.  Dice así Ezequiel 38:10, 11, 18: “Así ha dicho Jehová el Señor: En aquel día subirán palabras en tu corazón, y concebirás mal pensamiento, y dirás: Subiré contra una tierra indefensa, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente; todas ellas habitan sin muros, y no tienen cerrojos ni puertas... En aquel tiempo, cuando venga Gog contra la tierra de Israel, dijo Jehová el Señor, subirá mi ira y mi enojo”.

En nuestro tiempo, Cohen, un descendiente de Israel nacido en Brooklyn, Nueva York, hijo de un carpintero, está esforzándose por salvar a su pueblo.  Después de cursar estudios secundarios, el talento con que Dios lo dotó y su disposición natural para la física lo llevaron hasta la Universidad de Los Angeles.  Posteriormente se enroló en el ejército y fue trasladado al Instituto Tecnológico de Massachussets.  Más adelante la escalera ascendente de sus éxitos lo condujo hasta formar parte del Proyecto Manhattan en Los Álamos, Nuevo México.  Cohen es en la actualidad asesor del departamento de defensa de Estados Unidos, y la poderosa Rusia y sus asociados árabes están protestando a voz en cuello porque un hijo oscuro de Israel de la tribu de Leví amenaza con derrotarlos si osan atacar a Israel.

La bomba de neutrones de Cohen es una especie de minibomba de hidrógeno capaz de destruir ejércitos y tropas por radiación en lugar de explosión.  La bomba de neutrones es un proyectil termonuclear pequeño que desplaza gran cantidad de neutrones a velocidades cercanas a las de la luz y emite radiación atómica compuesta de rayos gamma y neutrones capaces de matar o inutilizar a la gente, y destruir los vehículos blindados dentro del área de la explosión, pero sin arruinar los edificios, y lo más importante, sin dejar residuos nucleares.  Por eso se incluye esta bomba en la categoría de armas tácticas, porque permite la continuación de operaciones en el área de partes de unidades dotadas de protección.  La Palabra de Dios dice en Zacarías 14:12, 13 sobre los últimos días: “Y esta será la plaga con que herirá Jehová a todos los pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá estando ellos sobre sus pies, y se consumirán en las cuencas sus ojos, y la lengua se les deshará en su boca.  Y acontecerá en aquel día que habrá entre ellos gran pánico enviado por Jehová; y trabará cada uno de la mano de su compañero, y levantará su mano contra la mano de su compañero”.

Tal profecía deberá cumplirse antes que se inicie el reinado milenial de Cristo.  ¿Librará Dios a Israel directamente o lo hará por medio de las armas secretas descubiertas por los judíos en el pasado siglo XX?  Juan expresó en Apocalipsis 8:8: “El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre”.  ¿Es acaso esta profecía del apóstol la visión de una explosión atómica?  El profeta Joel por su parte registró esta profecía: “Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo” (Jl. 2:30).  Tal parece que la visión que describe el profeta es el efecto de las armas de fusión y fisión de los últimos días.

Finalmente, vale la pena mencionar esta arma que usara Israel por primera vez el 6 de junio de 1982.  Y sobre esto comentó la publicación Jewish Press de fecha 18 al 21 de junio de 1982: «Últimas noticias sobre la guerra... Begin informa sobre un arma secreta. En una entrevista con el primer ministro israelí Menachem Begin, éste reveló que Israel había inventado la tecnología exclusiva de un arma secreta que hace a todos sus aviones inmunes a los misiles y al fuego enemigo.  El Señor Begin expresó: ‘Nosotros somos los únicos en el mundo que tenemos ese secreto.  Hemos derribado 35 aviones sirios y no hemos perdido ninguno de los nuestros’.  También señaló que los tanques israelíes tienen un arma de fuego secreta capaz de penetrar cualquier vehículo blindado.  Tal información hizo estremecer al mundo comunista que se creía que contaba con un arma invencible.  Los países miembros de la OTAN y los oficiales del Pentágono especialmente, han manifestado gran interés en esos secretos.  Esta tecnología permanece velada por el misterio.  Los tanques rusos más sofisticados que se encontraban en Líbano fueron perforados por los nuevos bombarderos israelíes, mientras que los misiles rusos manipulados por los sirios no han podido derribar uno solo de los aviones judíos».

        Dice la Palabra de Dios en Ezequiel 38:18, 19, 21, 22: “En aquel tiempo, cuando venga Gog contra la tierra de Israel, dijo Jehová el Señor, subirá mi ira y mi enojo.  Porque he hablado en mi celo, y en el fuego de mi ira: Que en aquel tiempo habrá gran temblor sobre la tierra de Israel... Y en todos mis montes llamaré contra él la espada, dice Jehová el Señor; la espada de cada cual será contra su hermano.  Y yo litigaré contra él con pestilencia y con sangre; y haré llover sobre él, sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre”

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