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La Biblia: Un preciado tesoro

  • Fecha de publicación: Miércoles, 01 Enero 2020, 14:48 horas

Los creyentes tenemos la bendición de poder apreciar el corazón de Dios descrito en su Palabra.  Leer la Biblia por entero es penetrar en un vasto universo.   Cuando lo hacemos por primera vez, no podemos entenderla completamente, pero es maravilloso leerla y reflexionar acerca de la forma cómo Dios interactúa con Sus hijos.

Génesis por ejemplo, es un libro fascinante y podemos leerlo una y otra vez y en cada ocasión asimilar algo nuevo. Ahora que vamos a comenzar el año 2020, hagamos todos el propósito firme de leer la Biblia por entero durante el año.   Si lo hacemos nuestra comprensión respecto a Dios aumentará exponencialmente.

Servimos a un Creador que eligió no ser representado por un símbolo visual, tal como un ídolo.  Él determinó comunicarse con Su pueblo a través de Su palabra escrita, y le dio a Moisés los Diez Mandamientos grabados sobre tablas de piedra.  El ministerio del Señor Jesucristo fue anticipado en los escritos de Moisés, los profetas y los Salmos.  Y su vida también fue registrada para que la humanidad pudiera leerla generación tras generación.

Hambre por la Palabra de Dios

Los creyentes debemos orar incesantemente para que Dios nos dé hambre por su Palabra, porque la Biblia es el tesoro más preciado que poseemos.  El fundador de nuestro ministerio, el Pastor José Holowaty, siempre contaba que cuando joven asistió al seminario y aprendió ciertas cosas enseñadas por teólogos y “hombres célebres”.   Sin embargo sentía un anhelo insaciable por la Palabra de Dios.  Como su deseo se vio frustrado, porque sólo se hablaba allí de las enseñanzas de uno u otro teólogo, tomando su Biblia, una concordancia y un diccionario bíblico, se dispuso a estudiar de forma incansable las Escrituras, lo cual hizo cada día hasta que Dios se lo permitió poco antes de su partida. 

Todos y cada uno de nosotros debemos tener ese mismo anhelo por leer, escudriñar y aprender la Palabra de Dios.   Este nuevo año que comienza, como nunca antes debemos orar para que esa ansia insaciable por leer la Biblia, descienda sobre toda la Iglesia de Dios, comenzando con sus líderes.

Los momentos de devoción familiar en cada hogar cristiano deben ser un acontecimiento regular.  Sin embargo, no podemos dejar de preguntarnos, cuántas familias cristianas hoy día se reúnen para orar juntos. Por lo tanto deseamos considerar primero algunas de las cosas que representa la Palabra de Dios en nuestra existencia.

- La Biblia ilumina el sendero de nuestra vida y nos guía: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).

- La Biblia es protección contra el pecado: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).

- Consuelo y vida:  “Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado” (Salmo 119:50).

- Es eterna:  “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” (Salmo 119:89).

- Es dulce: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” (Salmo 119:103).

- Es perfecta, segura, recta, pura, limpia, verdadera, justa y deseable.  La Biblia es más valiosa que el oro y más importante que todo el éxito que podamos obtener con dinero, o cualquier placer que podamos codiciar, algo más dulce y placentero que la miel: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.  Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.  El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos.   Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón” (Salmo 19:7–11).

-  Es útil y provechosa:  “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16–17).

Israel y la Biblia

Actualmente en Israel, a todos los lugares donde uno va, lo primero que verá en los hogares de los religiosos judíos es la Torá - los cinco primeros de la Biblia conocidos como Pentateuco; mientras que en los hogares judeo cristianos, la Biblia. 

Anualmente se celebra  una competencia de preguntas sobre la Torá.  La familia del primer ministro Benjamín Netanyahu ha sido la principal promotora de este evento.  Es una competencia, diseñada para que los jóvenes en Israel, tanto seculares como religiosos, estudien las Escrituras.

-  El señor Netanyahu patrocina estudios bíblicos regulares en la residencia oficial del Primer Ministro.

-  Es común ver personas leyendo los Salmos mientras viajan en tren o autobús, de camino o de regreso al trabajo o la escuela.

-  También es común encontrar calles y lugares, con nombres de personajes bíblicos.  Por ejemplo tienen la Calle de los Profetas, la Calle Isaías, Calle Tribus de Israel y Calle Profetisa Débora, asimismo la Plaza de Sion.

-  Los niños en las escuelas públicas, tanto religiosas como seculares, estudian geografía e historia de las Escrituras.

- Los integrantes de las unidades del ejército son juramentados mientras mantienen la Torá en una mano y un arma en la otra.

- Hay numerosas yeshivot - escuelas especiales para estudiar las Escrituras.  No es raro que los judíos pasen un año estudiándolas antes de comenzar su educación secular.

- También se ha observado un nuevo fenómeno, y es que cada vez más, esos que se identifican como “seculares” asisten a clases de estudio de la Palabra de Dios y se fascinan por ella.

- A los niños judíos se les enseña desde temprana edad a amar la Palabra de Dios. Los infantes de tres años aprenden a leer las letras hebreas, y le ponen miel a las letras para literalmente endulzarlas.

En Israel se celebra una fiesta especial llamada Simjat Torá - que significa “El Gozo del Torá”.   En ese día, el pueblo judío se regocija con la Palabra de Dios, tratándola como algo muy preciado.  Los rollos se sacan del “arca”, de un estuche hermosamente elaborado que se encuentra en cada sinagoga, y se exhiben alrededor de ella mientras la gente canta, baila y se regocija animadamente por la Palabra de Dios.  Se les da caramelos a los niños para que así reconozcan la dulzura de la Palabra y en los parques públicos miles cantan y danzan alrededor de los rollos de la Torá.

Los pergaminos bíblicos son tratados con mucho respeto. En el día de reposo, cuando se leen, el lector usa un puntero en lugar de la mano para mantenerlo en su lugar, de esa manera los aceites naturales de su piel no se transfieren al rollo de la Torá.  Cuando comienza su lectura, todos se ponen de pie en reverencia.

Los rollos están escritos a mano en una hermosa caligrafía y han sido copiados con un cuidado meticuloso.  Están hechos de cuero, y las palabras se escriben usando plumas con tinta especial.   Se tardan un año en copiar el Torá - desde Génesis hasta Deuteronomio, lo que justifica su alto precio.  Su valor mínimo es de $50.000 dólares por rollo.

Si alguno de ustedes tiene la bendición de poder visitar a Israel, le aconsejamos que acuda a la exhibición en el Santuario del Libro del Museo de Israel.  Allí podrá ver los Rollos del Mar Muerto, los antiguos manuscritos bíblicos de la época del Señor Jesucristo.  Sorprendentemente, son virtualmente idénticos a los escritos hebreos modernos.
¡Cuán maravilloso sería si todos los cristianos estuviésemos llenos de tanto amor y respeto por la Palabra de Dios!   ¿Orará cada uno de ustedes, para que Dios le dé hambre por Su Palabra?

Nuestro Pastor el Hermano José Holowaty, siempre hablaba de “La Abibliosis Crónica”.  Una expresión creada por él para describir nuestra falta de deseo por leer las Escrituras, lo cual produce una “anemia espiritual crónica”.  De hecho si usted le pregunta a Google por “Abibliosis Crónica”, de inmediato le llevará a los escritos del Pastor Holowaty, quien literalmente creó este término.

Es un hecho que en la actualidad, la gran mayoría de pastores no predican mensajes expositivos de las Escrituras, sino que basan toda su exposición dominical sobre un tema utilizando un sólo texto. ¿Cuándo aprenderán los fieles sobre las profundas verdades de la Palabra de Dios, si raras veces escuchan mensajes expositivos desde los púlpitos?  Es por eso que el conocimiento bíblico de la Iglesia se ha hecho cada vez más llano y somero.

Por los años 1970, las iglesias en Oklahoma, uno de los estados con mayor número de evangélicos en Estados Unidos, se reunían tres veces por semana: el domingo por la mañana y en la tarde, y el miércoles por la noche.   Una vez al mes - en un viernes, se celebraban las vigilias de oración, durante las cuales los fieles permanecían toda la noche orando de rodillas, por la salvación de almas y por todas las necesidades de la iglesia.   Mientras que anualmente tenían lugar dos, de los entonces llamados “avivamientos”.  Los miembros de cada iglesia recorrían las calles, visitaban hogares y los templos se colmaban de personas mientras pastores especiales invitados predicaban cada noche durante una semana.  En ese tiempo, miles de personas se entregaban a Cristo.

Hoy en día, es común sólo asistir a la iglesia el domingo por la mañana. La tendencia es tener un servicio de una hora con un mensaje de 20 a 30 minutos máximo, luego 15 minutos de canticos - no de himnos, y a veces uno que otro testimonio, todo diseñado para que el servicio sea atractivo a los no creyentes.  Luego  tiene lugar un convivio y se reparten refrescos, frutas, panes, dulces, sandwiches y demás, y esta amena reunión en la mayoría de los casos se extiende por más de una hora.  Prácticamente los templos se han convertido en un lugar social de reunión para conversar y pasarlo bien, mientras que las iglesias de los ricos son clubes sociales con todo tipo de entretenimiento.

Un buen número de pastores en Estados Unidos hablan respecto a las muchas personas que son salvas cada semana, pero si usted les pregunta si después de eso estas almas son discipuladas, les responderán que tienen estudios en los hogares.  Muchas congregaciones en la actualidad tienen reuniones en los hogares, pero... ¿cuántos de esos grupos pasan tiempo estudiando la Sagrada Escritura?   Estas charlas, en su gran mayoría, se centran en el matrimonio, la crianza de los hijos, la administración financiera y una serie de otros temas similares.  Algunos no estudian la Biblia en absoluto, sino que sólo son grupos de compañerismo y oración.  Aunque esto en sí no es malo, ¿cómo van a aprender la verdadera Palabra de Dios, si ni siquiera la leen, mucho menos la estudian?

Un artículo publicado recientemente decía, que “En una encuesta realizada en el mes de noviembre de 2019 por la Sociedad Bíblica Americana, se comprobó que sólo el 16% de los encuestados dijo que la lectura de la Biblia era parte de su rutina matutina, mientras que el 37% - más del doble de esa cantidad, dijo que sólo tomaba café por la mañana”.  Este estilo de vida entre los creyentes de las iglesias, explica la razón de la decadencia entre los cristianos.

El Grupo Barna, otra agencia de investigación cristiana, también publicó que más de la mitad de los feligreses, no pueden mencionar de memoria los libros de la Biblia, no pueden distinguir entre los textos del Antiguo y Nuevo Testamento, ni mucho menos pueden identificar las prioridades bíblicas fundamentales, incluyendo la Gran Comisión.  Parece que la brecha en el conocimiento de la Biblia continúa ampliándose de generación en generación.

Es claro que Dios quiere que leamos Su Palabra.  El apóstol Pablo, al escribirle al joven ministro Timoteo, le dijo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).

Algunos pueden argumentar que la Biblia es difícil de entender.   Es por eso que les aconsejamos que antes de iniciar su lectura, comiencen con una simple oración pidiéndole al Señor que les dé comprensión en el corazón para entender las cosas que Él quiere comunicarle a través de la lectura de su Palabra.

Habrá otros que dirán que no tienen tiempo de leer durante la mañana, si ese es el caso, tenemos que dejar el espacio deliberado en nuestro horario, hacer una cita cada día y separar un tiempo con el Señor en oración y lectura de la Biblia.

El gran predicador Charles H. Spurgeon dijo: “Hay momentos en que la soledad es mejor que la sociedad y el silencio es más sabio que la conversación. Seríamos mejores cristianos si estuviésemos más solos, esperando en Dios y obteniendo fuerza espiritual a través de la meditación en Su Palabra para el trabajo en Su servicio. Debemos reflexionar sobre las cosas de Dios, porque así obtendremos el verdadero nutriente de ellas…  ¿Por qué algunos cristianos, aunque escuchan muchos sermones, avanzan tan lentamente en su vida espiritual? Es porque descuidan sus momentos privados y no meditan cuidadosamente en la Palabra de Dios.  Aman el trigo, pero no lo muelen; desean el maíz, pero no salen al campo para cosecharlo; recogen el fruto que cuelga del árbol, pero no lo arrancan; el agua fluye a sus pies, pero no se inclinan a beberla. ¡De tal insensatez líbranos, oh Señor!”.

Dwight Moody decía: “La Biblia no fue dada para nuestra información sino para nuestra transformación”.

Mientras que el Señor Jesucristo declaró: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5: 18).   Él citó extensamente las Escrituras, y parece que Deuteronomio fue uno de sus libros favoritos. Los otros escritores del Nuevo Testamento también veneraban las Escrituras.

¿Desean ustedes prosperar?  Sigan este consejo: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).

¿Sufre alguno de ustedes de insomnio? Escuchen lo que dijo el Salmista: “Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos” (Salmo 119:148).  Ese mismo era el consejo sabio del Pastor Holowaty,  para cuando alguien le decía que no podía dormir por sus problemas físicos y dolores.  Sus palabras siempre fueron: “¿Te sientes mal? ¿No puedes dormir? ¡Levántate y ponte a hacer la obra del Señor!”.   Eso mismo les aconsejamos hoy a ustedes.  Sino pueden dormir por cualquier causa, oren por los misioneros, por las necesidades de la iglesia, por lo que consideren más urgente.

Nuestro corazón está afligido, y el Señor nos ha mostrado que este tema oprime igualmente los corazones de otros hermanos en la fe.  Es cierto que percibimos a nuestro alrededor cierto énfasis en la Biblia.   Por ejemplo, inversionistas cristianos en Estados Unidos han creado una nueva y maravillosa exposición: el Museo de la Biblia en Washington, DC.  Y el presidente Trump, en sus mensajes a través de Twitter también insta a los norteamericanos a que estudien la Palabra.

¿Qué podemos hacer para mejorar el conocimiento bíblico en nuestro mundo? Hay dos opciones: usted puede escuchar nuestro plan de lectura bíblica diaria en la voz del Pastor José Holowaty, o leerla por usted mismo durante el año 2020 y los venideros, si Dios nos da vida.  Hagámoslo desde Génesis hasta Apocalipsis, y vayamos registrando en un cuaderno las cosas específicas que el Señor nos muestra cada día. Nuestros momentos de devoción diaria se tomarán de los pasajes que estemos leyendo en esa semana.

Les instamos a que se nos unan.  A que profundicen junto con nosotros en el estudio de la Palabra de Dios a partir de este año, y aprendamos juntos.  Si tiene facilidad podría comprar La Biblia Cronológica, Reina Valera 1960, la cual trae un plan de lectura en orden para 365 días, sino puede buscar en nuestro sitio de Internet donde tenemos, devocionales diarios, estudios y artículos de enseñanza que podrá leer e imprimir.  Unidos vamos a hacer algo más que simplemente lamentarnos por la situación actual.

Tratemos de cambiar al mundo comenzando con nuestros propios corazones, nuestros hogares, iglesias y comunidades.  Confiemos en los frutos que nos otorgará  Dios cuando nos comprometamos a leer Su Palabra, a buscar Su rostro y crecer en madurez como creyentes.

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