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La criada misionera

  • Fecha de publicación: Jueves, 02 Enero 2020, 13:34 horas

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).

En la película titulada La Posada de la Sexta Felicidad, la hermosa actriz Ingrid Bergman, protagonizó a una misionera inglesa llamada Gladys Aylward.  Aunque la verdadera Gladys no era hermosa en su exterior, todos los que la conocieron sabían de su profunda belleza interior.

Nació en Londres en 1902, y trabajaba como criada pero aspiraba a convertirse en misionera.  La Misión en el Interior de China no la aceptó argumentando que no poseía suficiente educación.  Sin que esto la desanimara, ahorró suficiente dinero para costear su viaje a China, lo que en 1930 significaba viajar en un pesado tren a través de Rusia, continuar hasta Japón y de allí a China, luego emprender una jornada sobre mula hasta una estación misionera en Beijing, en donde ella y una misionera de más edad convirtieron su hogar en una posada, un punto de parada para las caravanas comerciales que pasaban por el lugar.  El entretenimiento que proporcionaban las mujeres, era contar historias acerca de Jesús, logrando así muchas conversiones.  Gradualmente perfeccionó el uso del idioma chino y comenzó a vestirse como una nativa.

Gladys primero aceptó a un huérfano, luego a otro, hasta que pasado un tiempo  había cien.  En 1938, Japón invadió a China y ella y su grupo de huérfanos tuvieron que huir, haciendo una jornada a pie durante doce días, durmiendo algunas noches a campo abierto. Cuando llegaron al río Amarillo, no había forma de cruzarlo, porque todo el tráfico de embarcaciones había sido suspendido debido a la guerra, pero Gladys y los niños comenzaron a orar y a cantar himnos.  Un oficial chino se enteró de esto y se dispuso a ayudarlos a cruzar al otro lado. Habiendo encontrado una casa segura  para los huérfanos, comenzó una iglesia y más tarde trabajó en un hogar para leprosos.

Con todo lo valiente y animosa que era, su salud terminó por quebrantarse debido a los años de la guerra, y en 1947 tuvo que regresar a Inglaterra por tratamiento médico.  Durante el resto de su vida, predicó y dio conferencias sobre su ministerio en China.  Gladys Aylward murió el 3 de enero de 1970, respetada y reconocida como una mujer de profunda fe y valor abundante.

“¡Señor, que cuando enfrentemos obstáculos y adversidades, podamos recordar que tu amor es inagotable!”.

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