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De las yemas de los dedos a los labios

  • Fecha de publicación: Lunes, 15 Mayo 2017, 15:07 horas

En Francia vivió una vez una pobre muchacha ciega que consiguió el Evangelio de Marcos escrito en letras abultadas y aprendió a leerlo con las yemas de sus dedos.  De tanto leerlo, sus yemas se tornaron callosas y su sentido del tacto se redujo a tal punto que no podía distinguir los caracteres.   Un día se cortó la piel de la punta de los dedos para aumentar su sensibilidad, sólo para terminar destruyéndola.

 Sentía que tenía que abandonar para siempre su adorado libro y llorando lo besó presionándolo con los labios y diciendo: “Adiós, adiós, dulce palabra de mi Padre Celestial”.  Para su sorpresa, sus labios más delicados que sus dedos, pudieron discernir la forma de las letras.  Toda la noche leyó cuidadosamente la Palabra de Dios y desbordaba con gozo ante esta nueva adquisición.

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