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Martin Niemoller

  • Fecha de publicación: Jueves, 02 Abril 2020, 08:20 horas

“León rugiente y oso hambriento es el príncipe impío sobre el pueblo pobre” (Prov. 28:15)

Martin Niemoller nació en enero de 1892 y falleció en marzo de 1984.  Se graduó como oficial naval.  Durante la Primera Guerra Mundial, estuvo al mando de un submarino. Después de eso, comandó un batallón en la Región del Ruhr.  Entre 1919 y 1923, estudió teología en Münster y fue ordenado como Pastor Luterano.  Es mejor conocido por su oposición al régimen nazi durante la década de 1930 y por su poema ampliamente citado.  Se dice que Niemöller aclaró que originalmente no se trataba de un poema, sino que era parte del sermón titulado “¿Qué hubiera dicho el Señor Jesucristo?”, que pronunciara durante la celebración de la Pascua en 1946, en Kaiserslautern, Alemania.  Existen varias versiones y traducciones, pero El Museo Memorial del Holocausto de los Estados Unidos cita el siguiente texto:

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí, pero para entonces, ya no quedaba nadie que hablara de mí”.

Al inicio de su actividad religiosa, apoyó la política anticomunista y nacionalista, sin embargo en 1933 reaccionó en contra de dichas ideas, después de que Hitler desarrollara un gobierno totalitario de homogeneización, el que pretendía imponer sobre las iglesias protestantes, el llamado “párrafo ario”, que excluía a todos los creyentes con antepasados judíos.  A raíz de esta medida, fundó en unión con Dietrich Bonhoeffer el Movimiento de la Iglesia Confesante, un grupo protestante que se opuso tajantemente a la nazificación de las iglesias alemanas.

Por su oposición al control estatal nazi sobre las iglesias, fue arrestado el 1 de julio de 1937 y entregado a un Tribunal Especial el 2 de marzo de 1938 para ser juzgado por actividades en contra del Estado. Fue condenado a siete meses de cárcel y a una multa de 2.000 marcos.

Como el tiempo que había estado detenido superaba la condena de prisión, fue liberado por el Tribunal tras el juicio. Sin embargo, justo después de abandonar el tribunal, fue arrestado de nuevo por la Gestapo de Heinrich Himmler, posiblemente porque Rudolf Hess encontró la sentencia demasiado benigna y decidió ejecutar una acción sin piedad contra él.  Fue internado en los campos de concentración de Sachsenhausen y de Dachau desde 1938 hasta 1945.

          Su excompañero de celda Leo Stein, quien fue liberado de Sachsenhausen para luego viajar a Estados Unidos, escribió un artículo acerca de Niemöller para el National Jewish Monthly en 1942.  Stein contó que tras preguntarle, por qué había apoyado al Partido Nazi inicialmente, él respondió: “Yo también me he hecho esa misma pregunta. ¡Me lo he planteado muchas veces, y cómo lo he lamentado!   Además, es cierto que Hitler me traicionó. Tuve una audiencia con él, como representante de la Iglesia Protestante, justo antes de que fuera Canciller, en 1932.  Él me prometió bajo su palabra de honor, que protegería la Iglesia y que no promulgaría leyes anti-eclesiásticas. También accedió a no permitir linchamientos, ni pogromos contra los judíos, asegurándome lo siguiente: ‘Habrá restricciones para los judíos, pero no guetos, ni linchamientos, en Alemania’.

“Yo también creía firmemente en ese tiempo, que dado el antisemitismo difundido en Alemania en esa época, que los judíos tenían que renunciar a obtener puestos en el gobierno o escaños en el Reichstag.  Había muchos judíos, especialmente entre los sionistas, que tenían un punto de vista similar. La promesa de Hitler me satisfizo en esa época.  Por otra parte, yo odiaba el creciente movimiento ateo, apoyado y mantenido por socialistas demócratas y comunistas. Su hostilidad hacia la Iglesia hizo que mantuviera mis esperanzas en Hitler por una temporada. Ahora estoy pagando ese error; y no solo yo, también otros miles de personas como yo”.

 Después de ser liberado, se incorporó hasta el final de sus días al movimiento pacifista; desempeñó un papel importante en la denuncia contra la Guerra de Vietnam, y hasta el fin de sus días fue un siervo fiel del Señor y un propagador de su doctrina de gracia y misericordia.  Hitler, por su parte terminó suicidándose el 30 de abril de 1945.

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