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Lorenzo Dow

  • Fecha de publicación: Lunes, 03 Febrero 2020, 01:42 horas

“Nosotros somos insensatos por amor de Cristo...” (1 Cor. 4:10a).

El censo de los años 1850 en Estados Unidos mostró algo muy curioso.  El nombre “Lorenzo” se convirtió en uno de los más populares, a pesar de que nunca había sido común entre los norteamericanos.  La única explicación es que muchas familias estaban impresionadas por Lorenzo Dow, uno de los predicadores más coloridos y excéntricos que hayan existido.  Era un evangelista itinerante, que iba de un lugar a otro.

Dow, quien nació en octubre 16 de 1777, desde niño fue una persona muy devota.  Según el libro de los Evangelistas Norteamericanos, le predicó a más personas que ningún otro ministro de su tiempo.  Estuvo evangelizando en Nueva Inglaterra y el estado de Nueva York y también viajó a Inglaterra e Irlanda.  Hubo un tiempo en que su autobiografía se convirtió en el segundo libro éxito de ventas en Estados Unidos, después de la Biblia, y repartió todas las ganancias producto de las ventas entre los pobres.

Se vestía humildemente, y sólo usaba una muda de ropa al mismo tiempo.  Cuando se le desgastaba, algunos de sus admiradores le compraba otra.  Cultivaba una forma de vida austera y sobria. 

Su estilo de predicación era muy similar a su apariencia, a menudo elevaba el tono de su voz y acompañaba sus palabras con gestos, algunas veces exagerados.  En su llamado principal, que era a la conversión, hablaba fuertemente en contra de todos los “ismos” de su tiempo, tales como ateísmo, deísmo y universalismo.  Las grandes multitudes que atraía no eran todos admiradores, y como a muchos otros predicadores de su tiempo, en algunas ocasiones le lanzaban huevos, piedras, y tomates podridos.  Sin embargo no se intimidaba tan fácilmente.   Aunque en ocasiones predicaba en iglesias, le gustaba más hacerlo en establos, en las plazas, esquinas o en el campo abierto.

Visitó tres veces a Irlanda e Inglaterra en 1799, 1805 y 1818, y por sus maneras tan excéntricas y atractiva elocuencia, atraía a multitudes inmensas. Creía que había recibido un llamado divino y que debía cruzar el océano Atlántico, para predicarle como misionero a los católicos de Irlanda, y por consiguiente nunca estuvo conectado oficialmente con el ministerio de la iglesia metodista, a pesar de que su doctrina sí lo era.

Terminó por interrumpir su conexión oficial con ellos, lo cual no sorprende porque las organizaciones en general, no gustan de los rebeldes.  Lorenzo consideraba todo el mundo como su parroquia.  Igualmente predicó en Canadá y en el Caribe.  Murió el 2 de febrero de 1834, poniendo fin a una vida llena de colorido que tocó a miles de personas conduciéndolas a Cristo.

Padre, concédenos esa energía divina, con la que has fortalecido a tantos y tantos predicadores de tu Palabra.

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