Menu

Persecuciones Desde Todos los Ángulos

  • Fecha de publicación: Miércoles, 22 Enero 2020, 11:30 horas
“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16)

 

          En los años 1500, tener una opinión diferente respecto al bautismo podía significar la muerte.  Por siglos la iglesia había estado bautizando a infantes, y pocas personas cuestionaban esta práctica.  Cuando los protestantes comenzaron a separarse de la iglesia católica durante el período de la Reforma, fueron abandonando muchas costumbres católicas - pero no el bautismo de infantes.  Los pocos que se atrevieron a hacerlo, acarrearon sobre sí grandes problemas.

Los primeros fueron un grupo de hombres en Zurich, Suiza, quienes aprobaron las reformas llevadas a cabo por el pastor Ulrich Zwingli.  Sin embargo consideraban que Zwingli no estaba avanzando lo suficientemente rápido, para poder llegar a crear una iglesia basada en el Nuevo Testamento.  En enero de 1525, Conrad Grebel, uno de estos hombres, debatió públicamente el tema del bautismo con Zwingli.  La iglesia se puso del lado de Zwingli y determinó que el bautismo de infantes continuaría y que no se permitiría ningún cuestionamiento posterior.

El 25 de enero Grebel y otros hermanos se reunieron y se bautizaron unos a otros.  Como todos habían sido bautizados como infantes, esto fue considerado como vuelto a bautizar, de tal forma que los llamaron anabaptistas, anabautistas o rebautizados.  En menos de una semana 35 más se bautizaron, integrándose así la primera congregación anabaptista.

Ellos practicaban “el bautismo del creyente”, significando con esto, el bautismo sólo de esos que decidían por voluntad propia ser parte de la iglesia - lo cual, claro está, descartaba el bautismo de los infantes.  Esta creencia ocasionó grandes problemas y fueron grandemente perseguidos tanto por católicos como por protestantes.  Muchos de los anabaptistas pertenecían a la clase trabajadora, es decir eran personas pobres, lo cual también fue cierto con respecto a los primeros cristianos.  Este sólo hecho los hacía lucir como sospechosos ante los ojos de las autoridades.

En enero de 1527, Félix Manz, un expastor, fue ejecutado.  Se trató del primer protestante ajusticiado por otro protestante.  Fue ahogado, lo cual según sus ejecutores era el castigo apropiado por ser uno de los que buscó un segundo bautismo.

La mayoría de los anabaptistas eran personas decentes, cristianos que acataban la ley y tomaban la Biblia seriamente.  La persecución de que fueron objeto de parte de personas que aseguraban ser cristianos es imposible de excusar, como tampoco podemos ignorar el gran valor que demostraron.

Señor, líbranos de la crueldad y la intolerancia, lo cual no tiene lugar en la vida de tu pueblo.  Amén.

volver arriba