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El Segundo Libro de Dios

  • Fecha de publicación: Lunes, 27 Enero 2020, 03:34 horas

“Grandes son las obras de Jehová, buscadas de todos los que las quieren” (Salmo 111:2)

Robert Boyle, quien nació el 25 de enero de 1627 en Londres, fue la prueba viva de que la ciencia y la religión no tienen por qué estar en conflicto.  Fue un filósofo natural, químico, físico e inventor.  También un prominente teólogo cristiano.

Como científico es conocido principalmente por haber formulado “la ley de Boyle”, tan familiar a cualquier estudiante de física y química, además de ser generalmente considerado como el primer químico moderno y por lo tanto uno de sus fundadores.  Su manual El químico escéptico es considerado una obra fundamental en la historia de la química.

Nació en una familia aristócrata y muy poderosa en Irlanda y siendo muy joven viajó por toda Europa y conoció a varios científicos notables, incluyendo al anciano Galileo.  Dedicó su vida a la investigación científica, y mientras vivía en Inglaterra ocupó un lugar destacado en el grupo de investigadores, conocido como el “Colegio Invisible”, que se dedicaban al estudio de la química y física.

Cuando Boyle nació, la química todavía se encontraba en la edad del oscurantismo.  Por siglos los hombres habían incursionado en la alquimia, en un esfuerzo infructuoso por cambiar metales baratos como el hierro y el cobre en oro.  Gracias a él, y sus contemporáneos, se inició el estudio de la química basada en la ciencia.

Vivió a través del turbulento período de las guerras civiles de Inglaterra, cuando prevalecían las controversias religiosas.  Como muchos creyentes deseaba ver el fin de los argumentos entre los cristianos, por cosas que no valían la pena.  Esperaba que usaran sus energías contra enemigos reales como el escepticismo y el ateísmo. Fue por eso que Boyle dejó dinero en su testamento para establecer una serie de conferencias anuales con el fin de defender la religión cristiana contra ateos y otros infieles.

A lo largo de su vida contribuyó monetariamente con misioneros, y en la traducción de la Biblia en los idiomas de los países donde estos ministraban.  Como creció en Irlanda, apoyó la traducción de la Biblia en el gaélico, el idioma nativo de los irlandeses, ya que muchos de ellos en ese tiempo no hablaban inglés.

El hombre que fuera algunas veces llamado el “Padre de la Química” fue amigo personal de otro gran científico - Isaac Newton, quien también era cristiano.  Newton estaba de acuerdo con Boyle de que la “Ciencia era el segundo libro de Dios” y que sin duda apoyaba la fe, tal como su “Primer libro - la Biblia”.

Señor, que la contemplación de tu creación nos acerque más a Ti, su Creador.  Amén.

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