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Nicholas Ridley

  • Fecha de publicación: Miércoles, 04 Marzo 2020, 04:08 horas

“Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mat. 10:28)

Nicholas Ridley nació en Tynedale, Inglaterra, hacia el año 1500, en el seno de una próspera familia. Se educó en la Universidad de Cambridge en donde recibió su maestría en 1525. Inmediatamente fue nombrado sacerdote y enviado a La Sorbona, en París, para completar su formación académica.

Fue uno de los muchos protestantes ingleses martirizados y muertos por orden de María Tudor reina de Francia y princesa de Inglaterra. Sus asesinatos por causa religiosa se cuentan en más de 400, tal como el de John Rogers, traductor de la Biblia; John Hooper, un ministro protestante proponente de la Reforma en Inglaterra;  Rolando Taylor, William Tyndale erudito y líder de la Reforma; Hugh Latimer y Lorenzo Sandler.  Todos ellos fueron quemados en la hoguera por causa de su fe.

En 1529 regresó a Inglaterra donde consiguió un lugar como profesor en la Universidad de Cambridge.   Como era un hombre versado en las Escrituras y decidido cristiano, en poco tiempo se transformó en una personalidad de gran influencia, y desde la universidad emitió el siguiente comunicado: “El Obispo de Roma ya no tiene autoridad ni jurisdicción derivada de él ni de Dios, en este Reino de Inglaterra, así como ningún otro obispo”.  Este comunicado constituyó una declaración de guerra contra el papado de Roma.

En 1540 fue nombrado como uno de los capellanes del rey.  Ocupó el puesto de encargado de la Catedral de Canterbury y luego el de Maestro del Colegio Pembroke.  A partir de 1547, ya durante el reinado de Eduardo VI, fue designado como obispo de Rochester.  La Iglesia en Rochester, como tantas otras de su época, aun mantenía la decoración y mobiliario característicos de un templo católico, pero él hizo derribar los altares rituales, las estatuas de los santos, y todo tipo de imagen e iconografía pagana.

En 1550 sucedió a Edmund Bonner como Obispo de Londres. Desde esa posición realizó una persistente predica contra la pobreza y la injusticia social, hecho que provocó la enemistad de una buena parte de la nobleza, incluso hasta de muchos que se identificaban como simpatizantes de las ideas de la Reforma.

Cuando falleció el rey Eduardo VI en 1553,  nombró como su sucesora a Lady Jane Grey a quien Nicholas Ridley apoyaba, pero las cosas no pudieron haber salido peor, porque quien fue proclamada reina fue una acérrima enemiga de los reformistas: María Tudor, conocida como María Primera la Católica y María la Sanguinaria.

Ridley fue apresado de inmediato.  Durante su encarcelamiento fue instado a que se retractase de sus ideas y de su fe, cosa que no hizo.  Mientras continuaba encarcelado, Hugh Latimer y Thomas Cranmer continuaban con su trabajo evangelizador y reformista, pero también fueron apresados, permaneciendo así por más de un año.  Finalmente siendo acusados de herejía, los tres fueron condenados a muerte.

Se cuenta que cuando llegó la hora de la ejecución, Ridley vio a su amigo Latimer que venía tras suyo.  Corrió a su encuentro, besó sus mejillas y le dijo: “¡Ten valor!”.   Ambos se arrodillaron y oraron juntos por última vez.  A Ridley lo ataron a un poste y lo quemaron en la hoguera el 16 de Octubre de 1555.
La sangre de los mártires, siempre ha sido y será la semilla que ha contribuido más a lo largo de los siglos en la propagación del Evangelio verdadero.

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